jueves, 31 de diciembre de 2009
Si tengo que decir algo para describir este último año, me gustaría decir que ha sido un año de lucha. O mejor dicho, de guerra. Lo está siendo hasta la última noche, para despedirse por todo lo alto.
Cuando digo que ha sido un año de guerra, no pretendo hacer alusión al hecho de pelear duro y esforzarme cada hora que he pasado despierta. Hay algo más en la guerra que no es tan glamuroso como el esfuerzo. Es su capacidad para cercenar vidas. A veces las vidas desaparecen de golpe, por un diparo de fusil. Otras veces es la prolongación de la guerra lo que te deshumaniza y no vuelves a ser quien eres.
Lo dicho, este año ha sido un año de guerra. En el que aparte de esforzarme por cumplir con todas mis obligaciones, he tenido que preocuparme de no desaparecer en el intento, ni por los bandazos del día a día. Y, aunque a trancas y barrancas, creo que he conseguido seguir siendo quien soy sin apagarme. Mientras, veo como a mi alrededor se van extinguiendo los que una vez fueron mis camaradas. Esa especie de muerte intentaba ser una metáfora, pero es cierto que a mi edad mucha gente empieza a volverse tan grisácea como los cadáveres.
Podría decir muchas otras cosas sobre la guerra. Como por ejemplo que te separa de la gente a quien quieres, porque cada uno tiene su propio combate que librar. No sabes si algún día volverán, e incluso si vuelven no sabes qué habrán hecho de ellos las secuelas psicológicas. No sabes si esperar u olvidar. También puedo decir sobre la guerra que hay gente que cree noble morir en ella, y se siente orgulloso cuando ceniciento cae ante las hordas enemigas de las durezas de la vida. Podría decir muchas cosas.
Pero en realidad sólo quiero decir que la Guerra es la enemiga natural de la Vida.
Etiquetas: Ego-neuras
martes, 29 de diciembre de 2009
La mayoría de la gente que me conoce sabe que no estoy conforme con mi nombre y que considero que tengo una cuenta pendiente con mis padres por haberme llamado así. Pues bien, eso no sólo se aplicaba a mi nombre, sino también a mi triste y aburrido apellido.
Hasta ahora siempre lo había identificado como sigue: MADINA / BEITIA. Madina provendría del árabe MEDINA a causa de una peculiar importación lingüística. Extraño, porque fueron muy pocas las palabras que el euskera adoptó de ese idioma. BEITIA no tiene mayor misterio: abajo.
Sin embargo, hoy he descubierto que MADINA puede tener otra etimología que deriva de una forma antigua de la palabra "tejo"... Algo así como AGIN/ADIN. Con el tiempo la palabra ha pasado a escribirse con como "HAGIN" y no sería de extrañar que en algún momento la "h" sorda mutara en una bilabial.
Es decir, que no soy "el amor del pueblo de abajo", sino "el amor del tejo de abajo". Lo cual, aunque no lo parezca, tiene mucho más glamour y se adapta más a mi personalidad.
¿Por dónde empezar? En la última media hora me he dado cuenta de que el tejo es un árbol maravilloso. Yo diría que principalmente por dos razones.
VENENO
El tejo es un árbol increíblemente venenoso que puede causar intoxicaciones y envenenamientos con síntomas de lo más interesantes y que resultan en la muerte. Sin embargo, a la vez se utilizaba como antídoto para las mordeduras de algunas serpientes. Qué bonitas contradicciones. Ahora no estoy muy segura, pero me parece que todo en el árbol es venenoso excepto sus frutos.
VIDA Y MUERTE
Es además un árbol increíblemente lóngevo, por lo que ha estado siempre muy relacionado con la eternidad y también con la idea de vida/muerte. En época cristiana se plantaba frecuentemente junto a iglesias y ermitas. Se decía de sus raíces que se hundían en la tierra hasta llegar a los propios cadáveres. También ha tenido una profunda carga sacra entre los celtas y en la cornisa cantábrica se le conceden usos peculiares, sobre todo en Asturias. Al parecer, son ramas de tejo las que se ofrecían a los difuntos en día de Todos los Santos para que volvieran al inframundo. Y por si fuera poco, en la mitología celta el tejo era el árbol que regía el mes en que se situaba la festividad de Samhain (la fiesta de los muertos). A primeros de noviembre, imagino.
Es decir... Veneno, serpientes, vida y muerte. Okis, me planto. Tiene glamour de sobra. Y yo lo que tengo es hambre... Me voy a lanzar sobre el paquete de cereales.
Etiquetas: Arquetipos y simbología
En serio... a veces pienso que sea doña pupas y que encima me ocurran todas las desgracias a la vez y de la manera más trágico-peliculera posible. O tal vez sea yo, que tengo la manía de verlas y contarlas así. De todos modos, intento ser optimista. Ya he vuelto ligeramente a la tierra de los vivos y tengo la cabeza sobre los hombros. Exceptuando la pequeña paranoia de todas las noches de que dos sicarios del argentino loco vienen a por mí. Después de tantas horas en la cama mirando un techo sin caras, he analizado todos los puntos débiles de la casa, he calculado las rutas de escape y también he ideado el plan más certero para seguir viva. Eso sí, necesito dosis industriales de valeriana para relajarme y dormir por la noche.
Ay, madre... Venga, sólo un poquito de estabilidad. Sólo un poquito. Seguro que cuando entre de nuevo en la rutina todo irá mejor. Pero ahora estoy cansadita.
Eso sí, me estoy viciando a ver Mentes Criminales... Lo cual no ayuda para que me tranquilice frente a asesinos potenciales, claro. Si va a ser por esto y todo... Hum. En fin, que acabo de leer una de las frases que pasarán a la historia y no me he podido resistir a escribirla por aquí: "Sé lo que es tener miedo de tu propia mente."
¿Alguien sabe dónde está el botón de stop en la condenada centrifugadora mental? Además de enferma y sola por Navidades, para colmo con the paranoia returns. Uaaaaaaaaaaargh. Odio los días como éstos. ¡Gromf! ¡Hale, ahora me enfurruño!
¡Por cierto, estoy escribiendo mucho!
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Y yo no soy de las que suelen recordar lo que sueñan. Pero por algún extraño motivo, mi mente hace 'clic' con el cambio de año y los últimos días de diciembre el subconsciente empieza a enviarme mensajes no-tan-subliminales para repasar el año. Lo mismo con el impactante primer sueño del 1 de Enero. Recordemos que este año fue Hugh Jackman en una especie de templo griego diciéndome: Yo soy Asterión y yo a cuadros.
Pues bien, hoy he soñado que estaba en una comida con un montón de gente y de repente empezaba a sentirme fuera de lugar. Salgo a la recepción del restaurante y me pongo a hablar con una mujer rubia con el pelo muy muy rizado y me siento todavía peor. Así que digo: Me voy a dar media vuelta. Es verano, mediodía y el sol pega muy fuerte. Hay una especie de plaza con el suelo de piedra gris y en el centro un escenario con alguien tocando y nadie mirando. Y yo me quedo mirando y digo: ¡Coñé, pero si es Indo! ¡Y no sólo eso! Estaban cantando Salambó, una de las canciones más bonitas del universo entero.
Como no hay público, me acerco a mirar y veo a Nico tan cerquita... <3>3>
martes, 22 de diciembre de 2009
De hecho esta noche me he ganado una buena reprimenda. Estaba en un lugar que era y no era la Plaza de la Comedia (PC) en Montpellier y la Plaza de la Catedral (PC) de Barcelona. Debía de ser un día de otoño grisáceo y estaba sentada a la mesa de una cafetería con ese chico al que me pasé dos años acosando permitidamente en mi facultad (no, no hubo denuncias ni nada; en el fondo a él le molaba). Tenía exactamentela misma cara que el día que lo conocí en la biblioteca. Había una suerte de buffet libre en la misma cafetería, nos levantamos a coger algo y cuando nos sentamos de nuevo no sé qué le digo que él me canta las cuarenta. Estoy segura de que era alguna de mis historias, y el chico pone el grito en el cielo diciendo que no sabé qué hacer ya conmigo y que no entiende por qué no le voy contando lo que se cuece en mi mente de-mente.
Moraleja: Escribe en el PC porque si no los musos se te van a cabrear.
Sobre por qué la traducción es un proceso creativo
6 comentarios Publicado por Addictive Epicurean en 1:46Y como esta noche me he pegado un buen panzón a traducir, voy a decir por qué la traducción es un proceso creativo. A ver, llevo horas devanándome los sesos para hacer que cosas que no entiendo suenen bien y "parezcan" comprensibles. No puedo más, necesito reivindicar algo para desfogarme.
En la carrera de Traducción e Interpretación hay una asignatura que se titula Teoría de la Traducción, muy explícita ella. La mayoría de la gente considera que es absolutamente inútil, como todas las asignaturas que te hacen pensar en el por qué de las cosas. y no te dan una respuesta clara porque no la hay. A mí me gustaba y, entre otras cosas interesantes (y con aplicaciones prácticas) se me quedó grabada una muy clara. Según el Nomenclator de la Unesco donde se organizan todas las áreas del saber, la traducción tiene una doble clasificación. Una con el código 570112 dentro de la Lingüística y otra dentro de las Artes. Luego me enteré de que me mentían y que no está clasificada como arte, pero bien que podría.
Esta doble clasificación (ahora inexistente) viene de un debate que se ha arrastrado durante años y años. ¡La traducción es una ciencia! ¡No, es un arte! Está claro que para el Plan Bolonia es una ciencia, puesto que han retirado casi todas las asignaturas de la carrera que lo relacionaban con el Arte. Pero allá ellos...
A mí no me extraña que este debate siga candente. La traducción tiene su vertiente especializada (con textos médicos, jurídicos, técnicos y científicos) y su vertiente literaria (películas, documentales, traducción periodística, literaria), etc. Y estoy casi segura de que para estos dos tipos de traducción se utilizan procesos mentales diferentes. No es lo mismo trasladar un texto que reescribirlo para que funiones en el texto meta.
Es decir. Que si tengo que traducir un poema, tengo que escribir un poema. Si tengo que traducir chistes de palabras, tengo que inventarme chistes de palabras. Si tengo que traducir una canción, tengo que componerla. Por supuesto muchas de las piezas están en el texto original, pero muchas otras no. Si el autor ha creado un texto desde cero, sacado de su cabecita, el traductor tiene que hacer otro: equivalente y que el autor pudiera haber escrito en castellano de haber sido castellanoparlante. No sólo debe decir lo mismo, sino que los recursos deben ser equivalentes teniendo en cuenta las características de la lengua y el efecto en el receptor debe ser idéntico. Algo bastante más-a-tratar-con-bisturí que un prospecto médico o el mecanismo de un reloj. Es algo así como el logos contra el caos... ¡Y como yo soy la señora del caos, soy la jefa de la traducción! En lo mío no hay reglas ni tampoco un solo lugar donde esté escrito qué es lo correcto y qué no.
Pues eso... Que tengo las neuronas muertecitas porque llevo horas intentando crear un texto equivalente a una obra extremadamente recargada y florida en su original. Los traductores no existimos, somos camaleónicos. Aquello que nos dan, lo transformamos en un reflejo en el espejo pero en otro idioma. Mola. Pero siempre será subjetivo.
¡Y esto incluso Hacienda lo acepta! Que cuando te vas a dar de alta te preguntan si eres traductor or traductor literario.
P.D. Sé que debo muchos mails y cómo sé que la mayoría leéis esto de aquí, os prometo que lo haré en cuanto tenga un poquito de tiempo. Que las compras de Navidad me han dejado baldada.





