miércoles, 23 de mayo de 2012
Mi vida social es exigua, por usar una palabra que podría valer la victoria en un Scrabble. En la poca que tengo, veo como la gente corre. De reunión en reunión, de evento a feria, de la universidad al trabajo, de la clase a la biblioteca, del hospital a casa, de país en país y vuelta a empezar. Es una manera de correr frenética. A mí me recuerda a las pesadillas en las que intentas moverte, pero te pesan las piernas.
Algunos se acuestan a las tres, otros se levantan a las seis y la mayoría pensamos que somos los únicos que estamos así.
Cuando era pequeña y veía a mis padres, no me parecía que corrieran tanto. Igual es que lo llevaban con entereza - eso que algunas generaciones hemos perdido - o puede que, en efecto, fueran otros tiempos y los coches no fueran tan rápidos ni el reloj tampoco. Cuando pienso las cosas desde esta perspectiva, aún me siento muy niña y empiezo a pensar que tal vez nunca crezca. (Moi je veux rester comme ça toute ma vie, mou je veux rester tel que je suis...)
Esta sensación la relaciono directamente con el efecto de los ansiolíticos. Frenan el mundo. Esos engranajes metálicos que tiene el planeta en su centro se pausan, las ruedas dentadas avanzan más despacio y te mueves al compás sin necesidad de correr. Por supuesto, al liberar la sutancia del organismo, adiós muy buenas al espejismo.
Sin embargo, el sentimiento de liberación no tiene precio. Empiezo a pensar que muy poca gente tiene acceso ello y que vivimos en una especie laberinto de espejos, golpeando las paredes esperando que se hagan pedazos. La caja no sé rompe, pero gritamos "¡Quiero salir!" igualmente. Que me devuelvan mi vida.
Así que...
La parte terrorífica de las historia, niños, es que un buen día ya no recuerdas cuál era tu vida. El laberinto de la repetición frenética la había matado.
Pensamientos peregrinos en noche de martes.
EDIT: Es frustrante, jo. Yo también quiero expresar ideas con llaneza y simplicidad, no como si estuviera hablando de los secretos del universo en un libro divulgativo de algún erudito pedante. Aunque ellos no pondría a Helloween, claro. *sigh*
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jueves, 12 de enero de 2012

Creo que esta es la imagen refleja como nada lo que ha sido mi cabeza durante esta última temporada. Pero a cámara rápida y multiplicado por... por un número muy grande. Aparte de darme un constante dolor de cabeza, también ha hecho que me replantee las cosas a medio-corto una manera diferente para adaptarlas a la naturaleza de mi géiser mental. Este año será el de pruebas y ya veremos por dónde salen las cosas.
Entre otras cosas, espero dejarme caer más por aquí. Vuelta a intentarlo y a cruzar los dedos.
Entre otras cosas, espero dejarme caer más por aquí. Vuelta a intentarlo y a cruzar los dedos.
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sábado, 13 de agosto de 2011
Supongo que en otros entornos también sucederá, pero creo que en el mundo del lenguaje y la traducción la errata es una constante de la que muchas veces renegamos. Alguien encuentra un acento que falta en uno de tus textos y se lio la marimorena. Entonces es cuando piensas: "Ay, alma de cántaro, y todas las que no has visto en tu vida... Si vieras un 20% de las erratas que hay (periódicos, traducciones, libros, blogs, películas, etc.) no te escandalizarías cuando encuentras una."
Por cada errata que encontramos al leer hay un buen número que se nos escapan. Y es que la errata ocasional es una constante, lo queramos o no. Y si bien hay que mencionarla y darse cuenta de que eso no debería estar ahí, poner el grito en el cielo es un tanto excesivo. Yo no pedí que me reembolsaran el dinero de La voz de los muertos (obra Orson Scott Card y gran clásico de ciencia ficción) cuando los INSECTORES se convirtieron en INYECTORES en un par de ocasiones o cuando ANDREW Wiggin pasó a llamarse ANDREU. Del mismo modo en Canción de hielo y fuego (obra de George R. R. Martin y gran bombazo) los personajes cambian de nombre. SEDA se convierte en SATÍN y el caballo del Perro pasa de llamarse EXTRAÑO a DESCONOCIDO. También se incluyen un par de extrañas construcciones como "eso está en pasando el río".
Sin embargo, a mí todo esto me parecen erratas ocasiones y no estropean la traducción ni son dignas de poner el grito en el cielo. Precisamente por tratarse de una buena traducción llaman tanto la atención y es posible cazarlas al vuelo. Como mucho dices: "a ver si las pillan para la próxima edición". Es cierto, lo confieso, es un error y los errores no deberían estar ahí, la labor del redactor, el traductor, el revisor y el editor es evitarlas. Pero somos humanos y con tantas palabras como tiene una novela es normal que se escape alguna (sobre todo teniendo en cuenta muchas veces los plazos de entrega asfixiantes y las imposibilidades temporales). Pero decir que una traducción es mala porque el corrector de word te cambia INSECTOR por INYECTOR es pasarse. O porque primero llamas a un caballo EXTRAÑO y luego (2 libros más tarde) se descubre que no, que no iban por ahí los tiros y que quería decir otra cosa. Esas traducciones no son malas, esas traducciones tienen una errata como casi todo lo que se publica aunque muchas veces ni siquiera nos demos cuenta. Por favor, si incluso faltan un par de acentos en un libro de todo un académico de la RAE como es Los renglones torcidos de Dios. Y nunca jamás se me ocurriría decir que ese libro está mal escrito.
En fin, para muestra un botón, que encima son graciosos:
http://cvc.cervantes.es/actcult/morderse_lengua/expo/mundo/mundo_01.htm
Flechita a la derecha para ir pasando.
Por cada errata que encontramos al leer hay un buen número que se nos escapan. Y es que la errata ocasional es una constante, lo queramos o no. Y si bien hay que mencionarla y darse cuenta de que eso no debería estar ahí, poner el grito en el cielo es un tanto excesivo. Yo no pedí que me reembolsaran el dinero de La voz de los muertos (obra Orson Scott Card y gran clásico de ciencia ficción) cuando los INSECTORES se convirtieron en INYECTORES en un par de ocasiones o cuando ANDREW Wiggin pasó a llamarse ANDREU. Del mismo modo en Canción de hielo y fuego (obra de George R. R. Martin y gran bombazo) los personajes cambian de nombre. SEDA se convierte en SATÍN y el caballo del Perro pasa de llamarse EXTRAÑO a DESCONOCIDO. También se incluyen un par de extrañas construcciones como "eso está en pasando el río".
Sin embargo, a mí todo esto me parecen erratas ocasiones y no estropean la traducción ni son dignas de poner el grito en el cielo. Precisamente por tratarse de una buena traducción llaman tanto la atención y es posible cazarlas al vuelo. Como mucho dices: "a ver si las pillan para la próxima edición". Es cierto, lo confieso, es un error y los errores no deberían estar ahí, la labor del redactor, el traductor, el revisor y el editor es evitarlas. Pero somos humanos y con tantas palabras como tiene una novela es normal que se escape alguna (sobre todo teniendo en cuenta muchas veces los plazos de entrega asfixiantes y las imposibilidades temporales). Pero decir que una traducción es mala porque el corrector de word te cambia INSECTOR por INYECTOR es pasarse. O porque primero llamas a un caballo EXTRAÑO y luego (2 libros más tarde) se descubre que no, que no iban por ahí los tiros y que quería decir otra cosa. Esas traducciones no son malas, esas traducciones tienen una errata como casi todo lo que se publica aunque muchas veces ni siquiera nos demos cuenta. Por favor, si incluso faltan un par de acentos en un libro de todo un académico de la RAE como es Los renglones torcidos de Dios. Y nunca jamás se me ocurriría decir que ese libro está mal escrito.
En fin, para muestra un botón, que encima son graciosos:
http://cvc.cervantes.es/actcult/morderse_lengua/expo/mundo/mundo_01.htm
Flechita a la derecha para ir pasando.
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martes, 26 de julio de 2011
El último truco de mi mente es cuando menos cruel. Sus últimos trucos, quiero decir.
Hará ya un par de meses que el corazón se me acelera cada vez que apago las luces del cuarto y me voy a dormir. Es un latido denso, húmedo y sangriento. Palpita con fuerza y no me deja pegar ojo... Me imagino los dedos de su Majestad Araña, golpeando sonoramente una de sus garras contra la mesa y marcando el ritmo que debe seguir mi corazón. Es horroroso... Hace quince días acabé en observación en el centro de asistencia primaria de mi barrio con un ataque de nervios. Después de un par de valiums empecé a tranquilizarme y volví a casa haciendo eses (una sensación que nunca había experimentado, por cierto). Aunque me empeñe en pensar que sí, creo que aún no me he recuperado. Vuelvo a tener la cabeza un poco más despejada, pero me sigue gastando pequeñas bromas que no me hacen ninguna gracia. El médico me recetó ansiolíticos y pastillas para dormir que por supuesto no he tomado. Yo voy haciendo lo que puedo, pero hay algo que no marcha ahí dentro.
Sobre todo después de lo que me ha empezado a pasar con la gente. Si ya era antisocial, ahora la gente me parece inhumana, y no en el sentido ético o moral de la expresión. Es algo diferente, algo que no me encuadra en el mundo. Todo me parece extraño, las reacciones de la gente, lo que ve y deja de ver... Y me da la sensación de que me estoy volviendo loca porque soy la única que entiende ciertas cosas de un modo concreto. Todo parece una locura y por primera vez en la vida me siento como Alicia a través del espejo en un mundo donde nada tiene sentido. La sensación en primera persona de ese grotesco te pone la piel de gallina. Me siento más cómoda entre las frases de mis personajes, que comprendo, que no intentando hablar por teléfono. Mentalmente me encierro en un armario, un armario enorme, me hago un ovillo, al rato abro la puerta y vuelvo a estar en ese mundo tan cálido y familiar. A la hora de la verdad, cruzo los dedos para que el día pase con el menor número de interacciones posibles.
Creo que finalmente me he vuelto loca o poco me falta... Y sin embargo me sigo notando dueña de mi juicio. Creo que leer los renglones torcidos de Dios no ayuda, aunque sin duda engancha. Y tengo tantas ideas, tantas escenas nuevas que escribir y para las que no encuentro tiempo... Si lo encontrara, si pudiera descargarlas y darles forma por ahí fuera, creo que igual podría estar mejor. Es curioso... Creer que te estás volviendo loca y sin embargo notar tu cabeza como siempre.
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sábado, 16 de julio de 2011
El otro día la volví a ver: Vespertia. La delgada línea que separa la realidad y la ficción en la que comenzó todo. Seguía como siempre, no había cambiado. Aunque no es de extrañar, dudo mucho que hay alguien más la haya visitado en mi ausencia, al margen de algún niño perdido con una pesadilla ocasional. Lo que me llamó la atención es que no había perdido ni su fuerza ni su color. Continuaba inmaculada, envuelta en niebla, y me provocaba la misma sensación de extrañeza y hogar en la boca del estómago.
Siempre la había intuido de un modo u otro, sabía que tenía que cuadrar como cualquier otra pieza del puzle. Sin embargo, no comenzó a manifestarse hasta hace un par de semanas, en sueños. Hasta que finalmente todo encajó, aunque hiciera falta ir a urgencias de noche y salir dopada como un caballo para verlo.
Ahora el cuaderno en el que tomo notas de traducción o detalles curiosos está lleno de garabatos en boli rojo. Palabras sueltas, que de algún modo sé que guardan relación en el microuniverso de mi cabeza. El límite, los árboles que hablan, le ciel, Lucía, Vespertia, urbano...
Cuando todo por fin ha estallado, mis nervios, mi cabeza, mi histeria, me siento culpable por haber abandonado el límite, el hilo, la línea entre la realidad y la ficción que vi por primera vez hace años. Pero cuesta tanto conciliarlo todo a ciertas edades... Con 28 años, hipoteca, trabajo y pareja ya no puedes moverte en los hilos como antes. Te haces mayor... Y sin embargo sabes que el mundo se te comerá si no guardas esa otra mitad que aprendió a bailar al otro lado del espejo.
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jueves, 21 de abril de 2011
Y con esto se termina la primera parte del año y yo me voy a tomar un merecido descanso. Han sido cuatro meses durillos, pero hemos conseguido sobrevivir a todo. Incluso al peligro de quedarme ciega del ojo derecho, pero ésa es una historia de la que hablaré otro día.
En los cuentos de hadas siempre está el dragón maloso a derrotar. Para mí, el gran dragón de las historias es conseguir llegar al final del día habiendo hecho todo lo que tenía que hacer. ¡Sí! ¡Son muchas cosas, es difícil, es un dragón! Así que nada, los dragones a la jaula hasta el martes, apagar móvil, cerrar chiringuito... Y con un poco de suerte no estar ni para nada ni para nadie.
P.D. Recordad, niños. No bailéis emocionados en la oficina cuando están podando los árboles de la calle. Sobre todo si es un primer piso. Por cierto, el dibujo es por amabilidad de mi compi de piso. Buuuu!
En los cuentos de hadas siempre está el dragón maloso a derrotar. Para mí, el gran dragón de las historias es conseguir llegar al final del día habiendo hecho todo lo que tenía que hacer. ¡Sí! ¡Son muchas cosas, es difícil, es un dragón! Así que nada, los dragones a la jaula hasta el martes, apagar móvil, cerrar chiringuito... Y con un poco de suerte no estar ni para nada ni para nadie.
P.D. Recordad, niños. No bailéis emocionados en la oficina cuando están podando los árboles de la calle. Sobre todo si es un primer piso. Por cierto, el dibujo es por amabilidad de mi compi de piso. Buuuu!
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martes, 19 de abril de 2011
Cuando no puedes decir nada, habla de lo que te gustaría decir
3 comentarios Publicado por Addictive Epicurean en 22:01
Marcador a cero otra vez. Ése es mi mayor problema ahora mismo: demasiadas recaídas neuróticas que me hacen poner el marcador a cero otra vez. Me he propuesto llevar el cómputo de los días que paso con la mente despejada, pero siempre pasa algo que me vuelve a poner la nube en la cabeza. Soy un poco menos yo y un poco más un bichejo oscuro y feo que me reconcome la cabeza. Algún día me gustaría hablar en tono científico de lo que pasa exactamente, porque me parece curioso. Pero eso lo haré el día en que no parezca que lo estoy llorando a los cuatro vientos. Hasta entonces sólo el marcador a cero.
Así que, ya que no puedo escribir gran cosa, voy a hablar de los posts que tengo preparados para hacer lo posible con tal de sacar adelante mi blog. Es algo mío y creo que merece la pena invertir el esfuerzo para que aguante. ¡Así que allá voy!
- La saga de Ender y los conceptos que trata: desde ética y moral, hasta lingüística, personajes y los conceptos propios de la serie en sí (filotes, Jane, etc.). Tengo algunas ideas que no se mencionan en las reviews que he leído.
- Twit Me: la pequeña novela en la que estoy trabajando y en la que no avanzo gran cosa, pero con la que me emociono.
- Las revistas de moda: un análisis comparativo de las revistas de moda mainstream que hay en el mercado y sus diferencias. Todo en clave de humor, por supuesto.
- Jugando con las palabras: variedad de los juegos con palabras, desde la poesía ésa que hace dibujitos, hasta los enigmas, las adivinanzas y las permutaciones. Un listado sencillito sin explicaciones, más bien un catálogo para tener una idea de la amplitud del campo.
- Ese grandísimo culebrón infernal: una introducción a los dioses del inframundo en clave de humor, pero a nivel un poco más profundo de lo que se conoce normalmente.
- Hadur e indar: dos conceptos que hasta hace poco no sabía ni que existía. No es la cuestión de palabras lo que me interesa, sino la delimitación de los conceptos en sí. Yo sigo acojonada.
- La naturaleza de las traducciones infantiles: un género que exige un registro muy concreto y un tratamiento del texto más especializado. A diferencia de lo que piensa la gente no es tan fácil como parece...
- Leon Spilliaetrt: un señor pintor bastante curioso que hizo cosas como ésta.

Y a lo tonto-tonto, me quedo más tranquila al comprobar que mis ideas siguen estando en mi cabeza. Me da la sensación de que nadie más que yo podría tener un compendio de cosas tan extrañas en mente ahora mismo. Juas, juas, me gusta la idea. Es temprano, pero me voy a ver si puedo dormir.
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miércoles, 13 de abril de 2011
Lo que queda de mí un miércoles por la noche
6 comentarios Publicado por Addictive Epicurean en 23:07
Pensamiento del día: el ser humano es un objeto de estudio apasionante.
¿Qué somos? ¿El ser humano deslumbrante de la cena de restaurante del sábado o nuestra mínima expresión un miércoles por la noche? A mí me gusta ver a la gente en su rutina. Creo que lo que muestran entre oleadas de trabajo, estudios, y agobio es lo que verdaderamente son. Lo que quedará de ellos cuando la magia del momento desaparezca... No sé por qué la gente parece darle más énfasis a lo contrario.
Si tienen magia en la rutina, la tendrán en todo momento. En los momentos especiales todo el mundo es deslumbrante.
También me gusta ver que, aun reducida a mi mínima expresión, queda algo de mí. La aspiración del violeta perfecto sigue volando por ahí. Otra es llegar a ser una canción como ésta: una pizca de locura y fuerza a raudales, de ésa que te da ganas de gritar.
P.D. ¡Joder ya! Estoy harta de este estilo que tengo al escribir, que lo que digo parece de pega o sacado de un libro de autoayuda. Lo he escrito tres veces y a cada cual peor...
¿Qué somos? ¿El ser humano deslumbrante de la cena de restaurante del sábado o nuestra mínima expresión un miércoles por la noche? A mí me gusta ver a la gente en su rutina. Creo que lo que muestran entre oleadas de trabajo, estudios, y agobio es lo que verdaderamente son. Lo que quedará de ellos cuando la magia del momento desaparezca... No sé por qué la gente parece darle más énfasis a lo contrario.
Si tienen magia en la rutina, la tendrán en todo momento. En los momentos especiales todo el mundo es deslumbrante.
También me gusta ver que, aun reducida a mi mínima expresión, queda algo de mí. La aspiración del violeta perfecto sigue volando por ahí. Otra es llegar a ser una canción como ésta: una pizca de locura y fuerza a raudales, de ésa que te da ganas de gritar.
P.D. ¡Joder ya! Estoy harta de este estilo que tengo al escribir, que lo que digo parece de pega o sacado de un libro de autoayuda. Lo he escrito tres veces y a cada cual peor...
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lunes, 11 de abril de 2011
Odio los días en los que no paro hasta que ya es demasiado tarde y luego ya no me queda tiempo para pensar. O para ponerle palabras a lo que he pensado. Así que tengo que recordar pensamientos viejos para creer que el día ha valido la pena. Si no he tenido un pensamiento, cualquiera, es como si ese día yo no lo hubiera vivido. Pero no suelo contar con los pensamientos viejos, porque entonces creo que algún día se me gastará la reserva. Siempre me olvido del pequeño detalle de que puedo generar nuevos pensamientos. Como por ejemplo... Que es curioso que a veces hable de mí misma en un tono tan poco humano. Aunque me gusta, pone las cosas muy en su sitio.
Hoy he pensado, he recordado pensar, que durante años he odiado mi nombre. Lo he odiado porque la única obra artística que había homónima a mí era una canción en la que Ella se quedaba llorando en un caserio hasta que se muere de pena. Hace un par de meses descubrí esto:
Hoy he pensado, he recordado pensar, que durante años he odiado mi nombre. Lo he odiado porque la única obra artística que había homónima a mí era una canción en la que Ella se quedaba llorando en un caserio hasta que se muere de pena. Hace un par de meses descubrí esto:
Y sinceramente... Me hace pensar que en según qué boca no sueno tan mal. También me hace llorar a moco tendido, literalmente. Pero eso no cuenta, yo lloro con cualquier cosa. Con cualquiera.
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sábado, 15 de enero de 2011
Hoy, por primera vez en años, me han llamado una sola vez por mi nombre de pila y no me han entrado escalofríos. Ha sido bueno. Creo que me he sentido "yo" sin mentiras. Y me ha hecho pensar que, tal vez, lo que hay debajo del maquillaje y la farsa... no sea del todo malo.
Sinceramente lo he pensado. Acogedora sensación. Como avanzar una casilla en un tablero inmenso.
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martes, 21 de diciembre de 2010
Cuando he llegado a casa tenía ya la primera. Cuando he salido del baño, la segunda. No ha servido para nada. Lo he intentado, pero no he podido. Prometí que no lo haría más, pero hoy no he aguantado. Lo siento mucho... Y no ha servido para nada porque me sigue doliendo. Creía que había mejorado un poquito. Lo suficiente como para no tener que marcarme por partida doble. Pero ya veo que no... Seré idiota, me siento tan podrida. Sé que mañana estaré mejor, se habrá empezado a pasar. Mientras tanto tomaré lo más fuerte que tengo en casa y dormiré.
Siempre me quejo de la gente que airea sus penas en Internet, pero a la hora de la verdad creo que hay veces en las que todos necesitamos decir que nos duele. O si no estallamos...
No quiero volver a salir de mi cabeza. Todo esto es ridículo.
Siempre me quejo de la gente que airea sus penas en Internet, pero a la hora de la verdad creo que hay veces en las que todos necesitamos decir que nos duele. O si no estallamos...
No quiero volver a salir de mi cabeza. Todo esto es ridículo.
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lunes, 20 de diciembre de 2010
Hoy ha sido uno de esos días simple y llanamente C-A-N-S-A-D-O. He salido de casa que eran las siete y media y he vuelto justas las nueve y diez. He ido a por el desayuno, a por la comida, he estrujado mis neuronas durante mis horas de trabajo, he pateado Barcelona haciendo compras de Navidad, he pasado por un Starbucks para cenar, me he duchado, he recogido la habitación y aquí estoy. Apurando el día, esperando que la tila y las valerianas hagan efecto.
No es una queja, más bien estoy orgullosa de ello. Suena como si fuera una vida... Una vida de verdad, ¿no? Me estoy esforzando mucho por mantener una rutina mínima de comida, de sueño, de orden; todo para seguir levantando cabeza. Creo que es algo bueno. Ahora cada uno de esos pequeños esfuerzos (comer, prepararme las infusiones para dormir, ducharme al llegar a casa, recoger la habitación, sentarme frente al ordenador) parece un paso más para llegar a alguna parte. Hace algunos meses no tenía nada de eso. Cada momento no tenía ni su espacio, ni su tiempo, ni su valor. Ahora toman otra consistencia y creo que el fin de todo es una Vida. Vivir, ese dichoso verbo que se me atraganta... Porque, francamente, creo que nunca le he pillado el tranquillo.
Eso me ha hecho pensar en el conocimiento humano. Sí, en serio. Mientras me comía un sándwich de camino a casa con un BioSolan en el bolso. Creo que tiene que ver con lo poco humana que me siento últimamente. Tal vez ya no me sienta tan Maldita, pero si extraña, extranjera en un mundo que cada vez se me hace más raro. Yo pensaba que casi todo funcionaba de otra forma. Pero estaba equivocada. Ahí es cuando he empezado a valorar el verdadero conocimiento humano.
Me explico. Yo no soy tonta, o al menos eso creo. Igual un poco inculta sí que soy y no tengo conocimientos técnicos ni especializados. Pero no me parece bien que me miren por encima del hombro por no tener nociones de física, política o teoría del caos. A mí si me lo explican, lo entiendo. A veces, incluso rápido. Si me dan un libro donde viene escrito y algo de tiempo, lo comprenderé cuando lo lea. Pero no creo que ése sea el verdadero conocimiento humano. Si así fuera, yo me sentiría más humana porque tengo capacidad de adquirirlo. Es demasiado triste que se reduzca a eso.
Yo creo que el verdadero conocimiento humano se extrae de otra parte. De la vida, de las conversaciones, de las experiencias que te van formando. No sé cómo explicarlo... Pero es ese tipo de material que te hace sentir inmadura cuando hablas con gente mayor que tú. No es un listado de enumeraciones o sentencias, es más bien algo que te va definiendo la mirada y la manera de entender. Por muchos libros de física cuántica que leas, ese conocimiento no lo encontrarás allí. Es el conocimiento del ser humano, de su vida, no de su mente. Por eso la edad puede ser un dechado de virtudes. Quien ha vivido mucho, sabe más que nadie sobre la vida. Pero quien ha vivido mal sólo ha conseguido acumular más años de errores repetidos que te hacen ver esos mismos errores como la verdad absoluta, por eso también es un peligro.
Después también hay otro peligro, creo yo. Y es que la gente que tiene muchos conocimientos mentales, a menudo habla como si supiera mucho de la vida. Puede saber mucho de economía, de política, de ecología, pero a mí no me vale. Creo que los volvería locos preguntando qué significa echar de menos a alguien, qué se siente cuando desarrollas lazos de afecto, por qué hay que envolver un regalo... Y sí, todas estas conversaciones las he tenido. Lo sorprendente es que haya gente que sabe las respuestas y sea capaz de traducirlas a palabras. Yo soy de bases. Cuando consigo llegar al fodo de la cuestión con alguien, es como si tuviera una nueva pieza del puzle (ése del que tengo que cambiar el marco). Lo más curioso es que muchas veces ellos tampoco se han preguntado nada de esto y es al discutirlo cuando lo piensan por primera vez de manera consciente. Y aun así nunca han dudado de su humanidad...
Finalmente, decir que para el conocimiento humano siempre se ha encontrado en gran medida en la literatura, en el arte, en la música. Hoy con este tema no consigo quitarme de la cabeza esta canción de Loquillo. La letra no tiene desperdicio. Un pedacito de conocimiento humano, aunque tal vez nunca lo vayamos a necesitar. Algún día escribiré más de este hombre...
P.D. Hoy soy muy mujer. Eso justifica cualquier sinsentido que haya escrito. Creo que he exagerado más de la cuenta... Pero es como el tono melancólico. No es voluntario, lo tengo en mi manera de divagar.
P.D 2. Gracias por leer. A los que comentáis, que siempre me sorprendéis llegando al final de las entradas... Y a los que sólo me leéis, que tenéis el detalle de decir "te sigo todos los días por el feed" o "te leo aunque no diga nada". Son ese tipo de relaciones extrañas que agradezco.
No es una queja, más bien estoy orgullosa de ello. Suena como si fuera una vida... Una vida de verdad, ¿no? Me estoy esforzando mucho por mantener una rutina mínima de comida, de sueño, de orden; todo para seguir levantando cabeza. Creo que es algo bueno. Ahora cada uno de esos pequeños esfuerzos (comer, prepararme las infusiones para dormir, ducharme al llegar a casa, recoger la habitación, sentarme frente al ordenador) parece un paso más para llegar a alguna parte. Hace algunos meses no tenía nada de eso. Cada momento no tenía ni su espacio, ni su tiempo, ni su valor. Ahora toman otra consistencia y creo que el fin de todo es una Vida. Vivir, ese dichoso verbo que se me atraganta... Porque, francamente, creo que nunca le he pillado el tranquillo.
Eso me ha hecho pensar en el conocimiento humano. Sí, en serio. Mientras me comía un sándwich de camino a casa con un BioSolan en el bolso. Creo que tiene que ver con lo poco humana que me siento últimamente. Tal vez ya no me sienta tan Maldita, pero si extraña, extranjera en un mundo que cada vez se me hace más raro. Yo pensaba que casi todo funcionaba de otra forma. Pero estaba equivocada. Ahí es cuando he empezado a valorar el verdadero conocimiento humano.
Me explico. Yo no soy tonta, o al menos eso creo. Igual un poco inculta sí que soy y no tengo conocimientos técnicos ni especializados. Pero no me parece bien que me miren por encima del hombro por no tener nociones de física, política o teoría del caos. A mí si me lo explican, lo entiendo. A veces, incluso rápido. Si me dan un libro donde viene escrito y algo de tiempo, lo comprenderé cuando lo lea. Pero no creo que ése sea el verdadero conocimiento humano. Si así fuera, yo me sentiría más humana porque tengo capacidad de adquirirlo. Es demasiado triste que se reduzca a eso.
Yo creo que el verdadero conocimiento humano se extrae de otra parte. De la vida, de las conversaciones, de las experiencias que te van formando. No sé cómo explicarlo... Pero es ese tipo de material que te hace sentir inmadura cuando hablas con gente mayor que tú. No es un listado de enumeraciones o sentencias, es más bien algo que te va definiendo la mirada y la manera de entender. Por muchos libros de física cuántica que leas, ese conocimiento no lo encontrarás allí. Es el conocimiento del ser humano, de su vida, no de su mente. Por eso la edad puede ser un dechado de virtudes. Quien ha vivido mucho, sabe más que nadie sobre la vida. Pero quien ha vivido mal sólo ha conseguido acumular más años de errores repetidos que te hacen ver esos mismos errores como la verdad absoluta, por eso también es un peligro.
Después también hay otro peligro, creo yo. Y es que la gente que tiene muchos conocimientos mentales, a menudo habla como si supiera mucho de la vida. Puede saber mucho de economía, de política, de ecología, pero a mí no me vale. Creo que los volvería locos preguntando qué significa echar de menos a alguien, qué se siente cuando desarrollas lazos de afecto, por qué hay que envolver un regalo... Y sí, todas estas conversaciones las he tenido. Lo sorprendente es que haya gente que sabe las respuestas y sea capaz de traducirlas a palabras. Yo soy de bases. Cuando consigo llegar al fodo de la cuestión con alguien, es como si tuviera una nueva pieza del puzle (ése del que tengo que cambiar el marco). Lo más curioso es que muchas veces ellos tampoco se han preguntado nada de esto y es al discutirlo cuando lo piensan por primera vez de manera consciente. Y aun así nunca han dudado de su humanidad...
Finalmente, decir que para el conocimiento humano siempre se ha encontrado en gran medida en la literatura, en el arte, en la música. Hoy con este tema no consigo quitarme de la cabeza esta canción de Loquillo. La letra no tiene desperdicio. Un pedacito de conocimiento humano, aunque tal vez nunca lo vayamos a necesitar. Algún día escribiré más de este hombre...
P.D. Hoy soy muy mujer. Eso justifica cualquier sinsentido que haya escrito. Creo que he exagerado más de la cuenta... Pero es como el tono melancólico. No es voluntario, lo tengo en mi manera de divagar.
P.D 2. Gracias por leer. A los que comentáis, que siempre me sorprendéis llegando al final de las entradas... Y a los que sólo me leéis, que tenéis el detalle de decir "te sigo todos los días por el feed" o "te leo aunque no diga nada". Son ese tipo de relaciones extrañas que agradezco.
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domingo, 19 de diciembre de 2010
Un día de febrero descubrí algo importante y es que me queda mejor el pelo corto. Debería haberme empezado a dar cuenta entonces. Las cosas no tienen por qué ser tal y como las has estado creyendo.
Pero el ser humano es obcecado. O al menos yo lo soy, de lo cual no se infiere necesariamente que sea un ser humano. La cuestión es que soy obcecada. Y aunque el mundo y las experiencias empiecen a darte pistas de lo contrario, tú sigues aferrada a tu antigua visión. Como los cerebros anquilosados que no puede aprender un idioma nuevo porque la sintaxis de la lengua materna ha abierto surcos demasiado profundos.
Entonces aparecen cosas que se llaman "piezas". Una aquí, otra allá, todos pedazos de información, conceptos extraños que no hay cómo englobar en tu puzle mental. Es entonces, te das cuenta de que vas a tener que cambiar hasta el marco para hacer que encajen. Porque tus premisas iniciales, los esquemas que has extraído del mundo ya eran erróneos. Estaban basados en una información parcial o retorcida... ¿Pero cómo los encajas? Sobre todo cuando tú ya estás configurada en base a unos esquemas viejos. Has sobrevivido siguiéndolos.
Entonces estás vacilante. De dos cosas principalmente. Por una parte, de ese mundo que funciona de una manera que tú nunca habías observado y en el que no sabes moverte. Por otra, de que de repente descubres que te cconoces muy poco, te queda mucho que descubrir y aún más que incorporar.
Algunas de las cosas que he aprendido últimamente es que llevar una cruz es la norma, no la excepción. Y si otros pueden hacer algo con su vida así, yo también debería. Y dejar de llorar de una vez. También sé ahora que el esfuerzo no es aguantar, sino avanzar. Finalmente, creo que todo el mundo necesita una dirección hacia la que moverse.
Me gusta pensar que voy mejorando, pero siempre acabo metiendo la pata hasta el fondo en una cosa diferente sin darme cuenta. De verdad, a veces me da la sensación de que me llamo Jane y que me muevo por enlaces filóticos... *sigh*
Pero el ser humano es obcecado. O al menos yo lo soy, de lo cual no se infiere necesariamente que sea un ser humano. La cuestión es que soy obcecada. Y aunque el mundo y las experiencias empiecen a darte pistas de lo contrario, tú sigues aferrada a tu antigua visión. Como los cerebros anquilosados que no puede aprender un idioma nuevo porque la sintaxis de la lengua materna ha abierto surcos demasiado profundos.
Entonces aparecen cosas que se llaman "piezas". Una aquí, otra allá, todos pedazos de información, conceptos extraños que no hay cómo englobar en tu puzle mental. Es entonces, te das cuenta de que vas a tener que cambiar hasta el marco para hacer que encajen. Porque tus premisas iniciales, los esquemas que has extraído del mundo ya eran erróneos. Estaban basados en una información parcial o retorcida... ¿Pero cómo los encajas? Sobre todo cuando tú ya estás configurada en base a unos esquemas viejos. Has sobrevivido siguiéndolos.
Entonces estás vacilante. De dos cosas principalmente. Por una parte, de ese mundo que funciona de una manera que tú nunca habías observado y en el que no sabes moverte. Por otra, de que de repente descubres que te cconoces muy poco, te queda mucho que descubrir y aún más que incorporar.
Algunas de las cosas que he aprendido últimamente es que llevar una cruz es la norma, no la excepción. Y si otros pueden hacer algo con su vida así, yo también debería. Y dejar de llorar de una vez. También sé ahora que el esfuerzo no es aguantar, sino avanzar. Finalmente, creo que todo el mundo necesita una dirección hacia la que moverse.
Me gusta pensar que voy mejorando, pero siempre acabo metiendo la pata hasta el fondo en una cosa diferente sin darme cuenta. De verdad, a veces me da la sensación de que me llamo Jane y que me muevo por enlaces filóticos... *sigh*
Etiquetas: Ego-neuras
lunes, 26 de julio de 2010
¡Aviso rapidito y urgente! Que no tengo para más...
Amos a ver...
Me voy a Londres una semanita y no me llevo el portátil, así que dejaré el blog en stand-by hasta el miércoles de la semana que viene. Cuando me vaya a casa de mis padres acompañada de Meteoro y pueda hacer algún reportaje de esas cosas que voy a ver por el norte. Evidentemente, Baker Street parada obligatoria. Y la tienda de recuerdos de enfrente también... ¡Voy a hacer realidad mis sueños de fangirl absoluta! Holmes... <3 br="br" cosas="cosas" entre="entre" otras="otras">
Er... Hum... Me da algo de rabia dejar el blog justo cuando había vuelto a coger ritmo y todo está tan animadillo. En hora y media salgo para la estación, y aún estoy en la oficina y ni siquiera he hecho la maleta. Genial, yo en mi línea. En
fins... Er... Hum... Pues eso. Recordad que ante toda elección en la vida siempre hay dos maneras de ver las cosas. Es cuestión de voluntad. Ésta, que es la buena:
3>
Y ésta, que es la mala:
Todo es cuestión de voluntad. No, no sé cómo se me ocurren estas cosas en estos momentos en los que espero a que se termine de copiar el dichoso CD. No llego, no llego, no llegoooooooooooo...
P.D. ¡Hasta la vuelta!
P.D. Ahora me habré equivocado con la canción de la Oreja de Van Gogh, pero ya me entendéis...
Amos a ver...
Me voy a Londres una semanita y no me llevo el portátil, así que dejaré el blog en stand-by hasta el miércoles de la semana que viene. Cuando me vaya a casa de mis padres acompañada de Meteoro y pueda hacer algún reportaje de esas cosas que voy a ver por el norte. Evidentemente, Baker Street parada obligatoria. Y la tienda de recuerdos de enfrente también... ¡Voy a hacer realidad mis sueños de fangirl absoluta! Holmes... <3 br="br" cosas="cosas" entre="entre" otras="otras">
Er... Hum... Me da algo de rabia dejar el blog justo cuando había vuelto a coger ritmo y todo está tan animadillo. En hora y media salgo para la estación, y aún estoy en la oficina y ni siquiera he hecho la maleta. Genial, yo en mi línea. En
fins... Er... Hum... Pues eso. Recordad que ante toda elección en la vida siempre hay dos maneras de ver las cosas. Es cuestión de voluntad. Ésta, que es la buena:
3>
Y ésta, que es la mala:
Todo es cuestión de voluntad. No, no sé cómo se me ocurren estas cosas en estos momentos en los que espero a que se termine de copiar el dichoso CD. No llego, no llego, no llegoooooooooooo...
P.D. ¡Hasta la vuelta!
P.D. Ahora me habré equivocado con la canción de la Oreja de Van Gogh, pero ya me entendéis...
Etiquetas: Canciones, Ego-neuras
viernes, 23 de julio de 2010
Todo el mundo llora, por dentro o por fuera, con ruido o sin él.Y la gente que me conoce sabe que yo lo hago con toda naturalidad: en la oficina, en casa, en el metro o por la calle. Suelto lo que tengo que soltar y sigo como si nada. Poco a poco todo el mundo se acostumbra, hasta que deja de ser una visión tan extraña.
Esto lleva a situaciones peculiares algunas veces, porque la gente que hay cerca te pregunta qué te pasa. Si hay algo, se lo cuentas; si no, les explicas que lloras sin más. Pensándolo ahora se me hace gracioso, porque un pequeño tanto por ciento de Barcelona conoce mis problemas. O sabe que estoy loca. Francamente, me da igual porque no los volveré a ver. Y ellos se fueron a casa con una historia que contar durante la hora de la cena. Todos ganamos.
Otra de las cosas que hago bastante en mi oficina es bailar. Cuando no hay nadie, claro. El único que me ve es el vecino que tenemos justo enfrente. Más de una vez se ha echado a reír cuando en la hora de la comida, me ve con el café y las coreografías. Supongo que no hay mucha gente que haga estas cosas... Y menos con las persianas levantadas y las luces encendidas. Pero yo me quedo a gusto y me importa más bien poco el qué dirán. Seguro que más de uno se muere de la envidia porque se me ve feliz.
Y si es por bailar también en casa... En el salón, con la música a todo volumen. Born to be wiiiiiiiiiiiild y la raqueta azul de la pared. O Abba que da mucho juego. O italo music... O... O... O... Cualquier otra. También hemos bailado algo rockabilly, me parece recordar.
Ahora entiendo por qué el baile está tan relacionado con lo dionisiaco. Y quien no disfrute de ello (y hay mucha gente), se pierde un gran placer. Y un gran boom. Y una gran sonrisa. Que se jodan, anda. Que muchas paranoias malas tengo que aguantar ya. Qué bonito tener también cosas que te hacen sentir bien. Me alegro de que me enseñaran a apreciar la música de verdad...
Esto lleva a situaciones peculiares algunas veces, porque la gente que hay cerca te pregunta qué te pasa. Si hay algo, se lo cuentas; si no, les explicas que lloras sin más. Pensándolo ahora se me hace gracioso, porque un pequeño tanto por ciento de Barcelona conoce mis problemas. O sabe que estoy loca. Francamente, me da igual porque no los volveré a ver. Y ellos se fueron a casa con una historia que contar durante la hora de la cena. Todos ganamos.
Otra de las cosas que hago bastante en mi oficina es bailar. Cuando no hay nadie, claro. El único que me ve es el vecino que tenemos justo enfrente. Más de una vez se ha echado a reír cuando en la hora de la comida, me ve con el café y las coreografías. Supongo que no hay mucha gente que haga estas cosas... Y menos con las persianas levantadas y las luces encendidas. Pero yo me quedo a gusto y me importa más bien poco el qué dirán. Seguro que más de uno se muere de la envidia porque se me ve feliz.
Y si es por bailar también en casa... En el salón, con la música a todo volumen. Born to be wiiiiiiiiiiiild y la raqueta azul de la pared. O Abba que da mucho juego. O italo music... O... O... O... Cualquier otra. También hemos bailado algo rockabilly, me parece recordar.
Ahora entiendo por qué el baile está tan relacionado con lo dionisiaco. Y quien no disfrute de ello (y hay mucha gente), se pierde un gran placer. Y un gran boom. Y una gran sonrisa. Que se jodan, anda. Que muchas paranoias malas tengo que aguantar ya. Qué bonito tener también cosas que te hacen sentir bien. Me alegro de que me enseñaran a apreciar la música de verdad...
Etiquetas: Ego-neuras
miércoles, 23 de junio de 2010
Si alguien me pregunta cuál es mi festividad más odiada de todo el año, diré que sin lugar a dudas la verbena de San Juan. La detesto. La odio. La odio. La odio. La odio.
Dichosa festividad solar con sus hogueras y su poder purificante y esas cosas cíclicas que se hacían para darle energía al sol cuando empezaba a declinar hasta hundirse en el invierno.
Puaj.
Que la gente se queme el culo saltando las hogueras.
Así que, como consecuencia, estoy encerrada en mi casa refunfuñona y escuchando petardos de fondo. Habría hecho algo, lo reconozco. Pero no he podido. ¿Que por qué no he podido? Porque llevo dos semanas encerrada en casa enferma. Hace dos años me despeñé por el monte en estas fechas. Hace exactamente 12 meses un mal de estómago me hizo perder cinco kilos que no he recuperado. Y este año una infección extraña me ha tenido dos semanas que no he sido persona.
Pero, por supuesto... No, no iba a ser tan fácil como una mera infección. ¡A mí sólo me dolía la garganta! Así que fui al médico y me recetó unos antibióticos... Que me originaron hongos por toda la boca. Por lo que me dieron el tratamiento para los hongos. Y he resultado ser alérgica. Resultado: una semana sin casi apenas comer, horas y horas en la cama, viajes en taxi al médico y a la farmacia, trabajo acumulado y no saber qué estoy haciendo con mi vida.
Dos semanas después peso 53 kilos, tengo la boca casi cicatrizada, me quedo sin ir a un concierto que llevaba año y medio esperando y todavía no sé qué tengo en la garganta.
Intento poner buena cara y decir: ¡Ueh, estoy mejor! O que he sido lo suficientemente fuerte como para arreglármelas yo sola para ir a no sé cuántos médicos, hincharme a pastillas, curarme la boca tres veces al día... Pero extrañamente no me hace sentir bien. Nada bien. En su momento no me di cuenta porque estaba ocupada poniéndome buena, pero pensándolo ahora me doy cuenta de lo sola que he estado. Y es un poco triste. Y también me he dado cuenta de que no sé qué estoy haciendo con mi vida.
Es San Juan (mi odiado San Juan) y yo estoy sola en esta casa. Se oye a la gente de fondo y yo vuelvo a estar sola. Me recuerda a cuando era niña, la verdad. Y acto seguido me pregunto: ¿cuántos años más me quedan para no vivir?
Dichosa festividad solar con sus hogueras y su poder purificante y esas cosas cíclicas que se hacían para darle energía al sol cuando empezaba a declinar hasta hundirse en el invierno.
Puaj.
Que la gente se queme el culo saltando las hogueras.
Así que, como consecuencia, estoy encerrada en mi casa refunfuñona y escuchando petardos de fondo. Habría hecho algo, lo reconozco. Pero no he podido. ¿Que por qué no he podido? Porque llevo dos semanas encerrada en casa enferma. Hace dos años me despeñé por el monte en estas fechas. Hace exactamente 12 meses un mal de estómago me hizo perder cinco kilos que no he recuperado. Y este año una infección extraña me ha tenido dos semanas que no he sido persona.
Pero, por supuesto... No, no iba a ser tan fácil como una mera infección. ¡A mí sólo me dolía la garganta! Así que fui al médico y me recetó unos antibióticos... Que me originaron hongos por toda la boca. Por lo que me dieron el tratamiento para los hongos. Y he resultado ser alérgica. Resultado: una semana sin casi apenas comer, horas y horas en la cama, viajes en taxi al médico y a la farmacia, trabajo acumulado y no saber qué estoy haciendo con mi vida.
Dos semanas después peso 53 kilos, tengo la boca casi cicatrizada, me quedo sin ir a un concierto que llevaba año y medio esperando y todavía no sé qué tengo en la garganta.
Intento poner buena cara y decir: ¡Ueh, estoy mejor! O que he sido lo suficientemente fuerte como para arreglármelas yo sola para ir a no sé cuántos médicos, hincharme a pastillas, curarme la boca tres veces al día... Pero extrañamente no me hace sentir bien. Nada bien. En su momento no me di cuenta porque estaba ocupada poniéndome buena, pero pensándolo ahora me doy cuenta de lo sola que he estado. Y es un poco triste. Y también me he dado cuenta de que no sé qué estoy haciendo con mi vida.
Es San Juan (mi odiado San Juan) y yo estoy sola en esta casa. Se oye a la gente de fondo y yo vuelvo a estar sola. Me recuerda a cuando era niña, la verdad. Y acto seguido me pregunto: ¿cuántos años más me quedan para no vivir?
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lunes, 5 de abril de 2010
Para mí todos los viajes empiezan y terminan en la estación de Sants. La ida no es tan importante, pero a la vuelta tengo la costumbre de sentarme en el Ars con una taza de café delante. Hoy no ha sido posible. He vuelto con semejante dolor de cabeza que he tenido que conformarme con un botellín de agua para doparme con lo que he comprado en la farmacia de al lado.
Si tengo tiempo, antes de marchar de viaje (adonde sea) me gusta tomarme un café. Miro los horarios de trenes, lo que voy a visitar o pienso en lo que haré en los días por venir. Es una manera de anticipar el viaje. Porque sí, las cosas se pueden disfrutar ya de antemano y para mi hacerlo antes de subir a un tren es parte de la diversión.
A la vuelta ocurre lo mismo. Cuando es posible me siento. No ya tanto para disfrutar nada, sino para poner en orden las ideas al volver a la vida normal. Así que por un momento recurro al AXIS MUNDI y me siento en medio de esa cafetería con gente yendo y viniendo, mientras yo me quedo quieta viendo como todo gira a mi alrededor. Entonces pienso un poco, saco un libro y pienso otro poco. Miro a la gente y trato de adivinar si vienen o van, si es de muy lejos y qué relación los une a sus vecinos. Porque hay muy poca gente que viaje sola. Hay caras y expresiones de todo tipo. Y a mí me gusta otear como observadora sobre todas ellas.
Supongo que el conglomerado de ideas, intuiciones y sensaciones me sirve de bálsamo a mi caos mental. Mientras mis pensamientos se ponen en orden en el subconsciente, mi mente consciente se centra en el ir y venir de la gente. Generalmente no me pasa, pero hoy he sentido algo peculiar: la sensación de que yo estaba muy lejos de todos ellos. No por arriba, ni por abajo; sino más bien como "al otro lado", a través de una cortina de humo o niebla. Y mientras volvía a casa caminando (sensación agradable a principios de primavera) la ciudad me ha dado la bienvenida. Tal vez fuera por el dolor de cabeza que aún seguía en su sitio, pero era una ciudad diferente. No la de todos los días, sino la de Ella (La Reina Araña, quiero decir). Porque no veía ni lo obvio, ni lo natural. Sino que veía lo más extraño y grotesco de los rincones y callejuelas.
Así que me he sentido todavía más distante de todo. Con la sensación, eso sí, de que tengo que coger las riendas de mi vida de una vez. Hacer limpieza. Y encontrar mi modus vivendi que sea aplicable sólo a mí. Ver en qué me he convertido mientras no miraba de reojo.
La muy zorra me ha clavado el aguijón en la nuca y todo eso me iba susurrando. Por suerte, a media tarde ha remitido... Pero esa voz silenciosa de "Bienvenida a casa, hija" me ha dado auténtico pánico.
Si tengo tiempo, antes de marchar de viaje (adonde sea) me gusta tomarme un café. Miro los horarios de trenes, lo que voy a visitar o pienso en lo que haré en los días por venir. Es una manera de anticipar el viaje. Porque sí, las cosas se pueden disfrutar ya de antemano y para mi hacerlo antes de subir a un tren es parte de la diversión.
A la vuelta ocurre lo mismo. Cuando es posible me siento. No ya tanto para disfrutar nada, sino para poner en orden las ideas al volver a la vida normal. Así que por un momento recurro al AXIS MUNDI y me siento en medio de esa cafetería con gente yendo y viniendo, mientras yo me quedo quieta viendo como todo gira a mi alrededor. Entonces pienso un poco, saco un libro y pienso otro poco. Miro a la gente y trato de adivinar si vienen o van, si es de muy lejos y qué relación los une a sus vecinos. Porque hay muy poca gente que viaje sola. Hay caras y expresiones de todo tipo. Y a mí me gusta otear como observadora sobre todas ellas.
Supongo que el conglomerado de ideas, intuiciones y sensaciones me sirve de bálsamo a mi caos mental. Mientras mis pensamientos se ponen en orden en el subconsciente, mi mente consciente se centra en el ir y venir de la gente. Generalmente no me pasa, pero hoy he sentido algo peculiar: la sensación de que yo estaba muy lejos de todos ellos. No por arriba, ni por abajo; sino más bien como "al otro lado", a través de una cortina de humo o niebla. Y mientras volvía a casa caminando (sensación agradable a principios de primavera) la ciudad me ha dado la bienvenida. Tal vez fuera por el dolor de cabeza que aún seguía en su sitio, pero era una ciudad diferente. No la de todos los días, sino la de Ella (La Reina Araña, quiero decir). Porque no veía ni lo obvio, ni lo natural. Sino que veía lo más extraño y grotesco de los rincones y callejuelas.
Así que me he sentido todavía más distante de todo. Con la sensación, eso sí, de que tengo que coger las riendas de mi vida de una vez. Hacer limpieza. Y encontrar mi modus vivendi que sea aplicable sólo a mí. Ver en qué me he convertido mientras no miraba de reojo.
La muy zorra me ha clavado el aguijón en la nuca y todo eso me iba susurrando. Por suerte, a media tarde ha remitido... Pero esa voz silenciosa de "Bienvenida a casa, hija" me ha dado auténtico pánico.
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martes, 23 de marzo de 2010
La primera señal de que algo iba mal
fue hace diez días.
Cuando mis dos amigas incandescentes,
que tanto se pasaban por casa durante la carrera
hicieron acto de presencia.
Tan encendidas ellas.
El domingo por la noche,
a las 3.30 de la madrugada,
tuve la confirmación.
Freddy.
No he vuelto a dormir tranquila.
Era un aparcamiento.
Era una joven rubia y otra morena.
Gemelas.
Era un joven en vaqueros y camiseta.
Era la típica escena de las películas.
Una carrera a ciegas,
y de golpe
Freddy.
Yo, acojonada.
Me di media vuelta
Me abracé fuerte
Pero era tarde.
Y no sólo por la hora.
Alguien le había abierto la puerta.
La solución era del 7%,
no del 30.
Y mientras tanto
no puedo dejar de cantar:
fue hace diez días.
Cuando mis dos amigas incandescentes,
que tanto se pasaban por casa durante la carrera
hicieron acto de presencia.
Tan encendidas ellas.
El domingo por la noche,
a las 3.30 de la madrugada,
tuve la confirmación.
Freddy.
No he vuelto a dormir tranquila.
Era un aparcamiento.
Era una joven rubia y otra morena.
Gemelas.
Era un joven en vaqueros y camiseta.
Era la típica escena de las películas.
Una carrera a ciegas,
y de golpe
Freddy.
Yo, acojonada.
Me di media vuelta
Me abracé fuerte
Pero era tarde.
Y no sólo por la hora.
Alguien le había abierto la puerta.
La solución era del 7%,
no del 30.
Y mientras tanto
no puedo dejar de cantar:
¿Qué queda de mi a estas horas?
¿Y si esta vez desaparezco de verdad?
No...
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sábado, 23 de enero de 2010
Es curioso, ¿sabes?
Es muy curioso.
Que me digas que me quieres cuando sólo puedo Ser si nadie mira. Del resto, ¿cuántas son mentiras por terror? Entonces me pregunto si me mientes, si me intuyes o si acaso eres tú el del espejo mágico que espía.
La madre que... Que alguien pare mi cabeza. Esa treintena de pensamientos recurrentes que generalmente gritan en mi cabeza como banshees enloquecidas me dan jaqueca. Pero hoy guardan sobrio respeto me parece; y están fuera. Como pequeñas lucecitas, hadas que sobrevuelan mi habitación de cuando era niña. Al mismo ritmo al que caen los copos de nieve; sí, ése es el ritmo. Y en la penumbra del cuarto hay como una treintena de cálidas luces suspendidas. Son familiares, mis pensamientos recurrentes. ¿Cómo es posible que estas luces silenciosas se conviertan en demonios lunáticos cuando vuelven a entrar?
Mientras escribo, estoy simultáneamente colgando del techo y mirándome a la cara. Y tengo extrañas ideas con la maraña-telaraña de mi pelo que me asfixia. Pero bueno, no me quejo. Por lo menos hoy no gritan, aunque sigo teniendo jaqueca.
El domingo por la noche vuelvo a Barcelona. Hasta entonces seguiré como Holmes en 1897, pero sin Pie del diablo. Después vuelta a la realidad y trazar un nuevo plan de ataque. Ya no me sirve aguantar.
Y en realidad me gusta lo que me ofrece mi mente.
Y sí, escribo en viernes noche a sabiendas (ahora) de que en fin de semana nadie mira los blogs porque generalmente lo hacen en horario de oficina.
Es muy curioso.
Que me digas que me quieres cuando sólo puedo Ser si nadie mira. Del resto, ¿cuántas son mentiras por terror? Entonces me pregunto si me mientes, si me intuyes o si acaso eres tú el del espejo mágico que espía.
La madre que... Que alguien pare mi cabeza. Esa treintena de pensamientos recurrentes que generalmente gritan en mi cabeza como banshees enloquecidas me dan jaqueca. Pero hoy guardan sobrio respeto me parece; y están fuera. Como pequeñas lucecitas, hadas que sobrevuelan mi habitación de cuando era niña. Al mismo ritmo al que caen los copos de nieve; sí, ése es el ritmo. Y en la penumbra del cuarto hay como una treintena de cálidas luces suspendidas. Son familiares, mis pensamientos recurrentes. ¿Cómo es posible que estas luces silenciosas se conviertan en demonios lunáticos cuando vuelven a entrar?
Mientras escribo, estoy simultáneamente colgando del techo y mirándome a la cara. Y tengo extrañas ideas con la maraña-telaraña de mi pelo que me asfixia. Pero bueno, no me quejo. Por lo menos hoy no gritan, aunque sigo teniendo jaqueca.
El domingo por la noche vuelvo a Barcelona. Hasta entonces seguiré como Holmes en 1897, pero sin Pie del diablo. Después vuelta a la realidad y trazar un nuevo plan de ataque. Ya no me sirve aguantar.
Y en realidad me gusta lo que me ofrece mi mente.
Y sí, escribo en viernes noche a sabiendas (ahora) de que en fin de semana nadie mira los blogs porque generalmente lo hacen en horario de oficina.
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viernes, 15 de enero de 2010
Un día, cuando tenía veinte años me empecé a volver loca. Fue curioso. Lizzy rondaba por ahí, con ramitas y hojas secas en el pelo. Con su vestido de color blanco roto hecho jirones y su cicatriz incandescente en la barbilla. La pobre no podía hablar y siempre boqueaba intentado encontrar aire. Yo trataba de asfixiarla y me ponía a brincar sobre la tapa de su ataud de madera para encerrarla y que así me dejara en paz. Porque sí, su presencia recién salida de entre los muertos me estropeó la vida. Y todo porque ella, que no yo, se enamoró. Se enamoró de la cara más bonita del universo que la hizo despertar. Por cierto, que ahora lo ve y se encoge de hombros diciendo: Pues no era tan guapo.
Los accesos remitieron durante algún tiempo y yo dejé de ver a Lizzy bailando por las paredes y colgada del techo. Ya no me gritaba al oído, ya no me hacía trastadas, ya no me dejaba en ridículo. Y yo volví a tomar las riendas cuando empecé a trabajar.
Ahora ella ya no está y yo me siento un poco sola a veces. Eso sí, me parece que me sigo volviendo loca. Pero en esos accesos he empezado a comportarme como hacía ella en mi cabeza. Aunque la habilidad de bailar por las paredes aún no la poseo. Estamos trabajando en ello.
Hoy he estado diez minutos hablando con un reno de peluche. Eso después de pasarme un cuarto de hora encontrando la combinación química perfecta para salir ilesa frente a posibles asaltantes de mi casa: sosa caústica diluida. La cuestión es que el novio de mi compañera de piso participaba de la conversación con el reno. Y mi compañera de piso es la que me sugería ideas para defenderme de los sicarios que vinieran a matarme, toda seria. Vale que yo me vuelva loca, pero ¿es normal que la gente participe de mi locura?
Como cuando entro en estado Lizzy, que me invitan a comer y dicen que se me ve feliz. Debería haberme puesto a bailar sobre las mesas del restaurante egipcio, era lo poco que me faltaba. Yo no lo entiendo la verdad. Igual es que no es nada grave y simplemente lo exagero, como todo. Igual es que a todo el mundo le pasa y yo pienso que sólo soy yo. O igual es que a la gente le gusta ver lo que veo en mi locura, porque siempre es un poco menos real. A este respecto, la locura no es tan mala. Aunque es dura. Pero hay gente que ha conseguido hacer cosas muy constructivas con ella.
Er... Para los que han tenido una adolescencia similar a la mía. No soy la única que ve una mezcla entre Kitiara y Tika, ¿verdad?
Esto promete un post sobre Ophelia y las mujeres-inocencia que enloquecieron y muerieron en el agua. En algunas ocasiones para resucitar de la manera más extraña.
Los accesos remitieron durante algún tiempo y yo dejé de ver a Lizzy bailando por las paredes y colgada del techo. Ya no me gritaba al oído, ya no me hacía trastadas, ya no me dejaba en ridículo. Y yo volví a tomar las riendas cuando empecé a trabajar.
Ahora ella ya no está y yo me siento un poco sola a veces. Eso sí, me parece que me sigo volviendo loca. Pero en esos accesos he empezado a comportarme como hacía ella en mi cabeza. Aunque la habilidad de bailar por las paredes aún no la poseo. Estamos trabajando en ello.
Hoy he estado diez minutos hablando con un reno de peluche. Eso después de pasarme un cuarto de hora encontrando la combinación química perfecta para salir ilesa frente a posibles asaltantes de mi casa: sosa caústica diluida. La cuestión es que el novio de mi compañera de piso participaba de la conversación con el reno. Y mi compañera de piso es la que me sugería ideas para defenderme de los sicarios que vinieran a matarme, toda seria. Vale que yo me vuelva loca, pero ¿es normal que la gente participe de mi locura?
Como cuando entro en estado Lizzy, que me invitan a comer y dicen que se me ve feliz. Debería haberme puesto a bailar sobre las mesas del restaurante egipcio, era lo poco que me faltaba. Yo no lo entiendo la verdad. Igual es que no es nada grave y simplemente lo exagero, como todo. Igual es que a todo el mundo le pasa y yo pienso que sólo soy yo. O igual es que a la gente le gusta ver lo que veo en mi locura, porque siempre es un poco menos real. A este respecto, la locura no es tan mala. Aunque es dura. Pero hay gente que ha conseguido hacer cosas muy constructivas con ella.
Er... Para los que han tenido una adolescencia similar a la mía. No soy la única que ve una mezcla entre Kitiara y Tika, ¿verdad?
Esto promete un post sobre Ophelia y las mujeres-inocencia que enloquecieron y muerieron en el agua. En algunas ocasiones para resucitar de la manera más extraña.
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