martes, 21 de diciembre de 2010

Au...

Cuando he llegado a casa tenía ya la primera. Cuando he salido del baño, la segunda. No ha servido para nada. Lo he intentado, pero no he podido. Prometí que no lo haría más, pero hoy no he aguantado. Lo siento mucho... Y no ha servido para nada porque me sigue doliendo. Creía que había mejorado un poquito. Lo suficiente como para no tener que marcarme por partida doble. Pero ya veo que no... Seré idiota, me siento tan podrida. Sé que mañana estaré mejor, se habrá empezado a pasar. Mientras tanto tomaré lo más fuerte que tengo en casa y dormiré.

Siempre me quejo de la gente que airea sus penas en Internet, pero a la hora de la verdad creo que hay veces en las que todos necesitamos decir que nos duele. O si no estallamos...

No quiero volver a salir de mi cabeza. Todo esto es ridículo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El conocimiento humano

Hoy ha sido uno de esos días simple y llanamente C-A-N-S-A-D-O. He salido de casa que eran las siete y media y he vuelto justas las nueve y diez. He ido a por el desayuno, a por la comida, he estrujado mis neuronas durante mis horas de trabajo, he pateado Barcelona haciendo compras de Navidad, he pasado por un Starbucks para cenar, me he duchado, he recogido la habitación y aquí estoy. Apurando el día, esperando que la tila y las valerianas hagan efecto.

No es una queja, más bien estoy orgullosa de ello. Suena como si fuera una vida... Una vida de verdad, ¿no? Me estoy esforzando mucho por mantener una rutina mínima de comida, de sueño, de orden; todo para seguir levantando cabeza. Creo que es algo bueno. Ahora cada uno de esos pequeños esfuerzos (comer, prepararme las infusiones para dormir, ducharme al llegar a casa, recoger la habitación, sentarme frente al ordenador) parece un paso más para llegar a alguna parte. Hace algunos meses no tenía nada de eso. Cada momento no tenía ni su espacio, ni su tiempo, ni su valor. Ahora toman otra consistencia y creo que el fin de todo es una Vida. Vivir, ese dichoso verbo que se me atraganta... Porque, francamente, creo que nunca le he pillado el tranquillo.

Eso me ha hecho pensar en el conocimiento humano. Sí, en serio. Mientras me comía un sándwich de camino a casa con un BioSolan en el bolso. Creo que tiene que ver con lo poco humana que me siento últimamente. Tal vez ya no me sienta tan Maldita, pero si extraña, extranjera en un mundo que cada vez se me hace más raro. Yo pensaba que casi todo funcionaba de otra forma. Pero estaba equivocada. Ahí es cuando he empezado a valorar el verdadero conocimiento humano.

Me explico. Yo no soy tonta, o al menos eso creo. Igual un poco inculta sí que soy y no tengo conocimientos técnicos ni especializados. Pero no me parece bien que me miren por encima del hombro por no tener nociones de física, política o teoría del caos. A mí si me lo explican, lo entiendo. A veces, incluso rápido. Si me dan un libro donde viene escrito y algo de tiempo, lo comprenderé cuando lo lea. Pero no creo que ése sea el verdadero conocimiento humano. Si así fuera, yo me sentiría más humana porque tengo capacidad de adquirirlo. Es demasiado triste que se reduzca a eso.

Yo creo que el verdadero conocimiento humano se extrae de otra parte. De la vida, de las conversaciones, de las experiencias que te van formando. No sé cómo explicarlo... Pero es ese tipo de material que te hace sentir inmadura cuando hablas con gente mayor que tú. No es un listado de enumeraciones o sentencias, es más bien algo que te va definiendo la mirada y la manera de entender. Por muchos libros de física cuántica que leas, ese conocimiento no lo encontrarás allí. Es el conocimiento del ser humano, de su vida, no de su mente. Por eso la edad puede ser un dechado de virtudes. Quien ha vivido mucho, sabe más que nadie sobre la vida. Pero quien ha vivido mal sólo ha conseguido acumular más años de errores repetidos que te hacen ver esos mismos errores como la verdad absoluta, por eso también es un peligro.

Después también hay otro peligro, creo yo. Y es que la gente que tiene muchos conocimientos mentales, a menudo habla como si supiera mucho de la vida. Puede saber mucho de economía, de política, de ecología, pero a mí no me vale. Creo que los volvería locos preguntando qué significa echar de menos a alguien, qué se siente cuando desarrollas lazos de afecto, por qué hay que envolver un regalo... Y sí, todas estas conversaciones las he tenido. Lo sorprendente es que haya gente que sabe las respuestas y sea capaz de traducirlas a palabras. Yo soy de bases. Cuando consigo llegar al fodo de la cuestión con alguien, es como si tuviera una nueva pieza del puzle (ése del que tengo que cambiar el marco). Lo más curioso es que muchas veces ellos tampoco se han preguntado nada de esto y es al discutirlo cuando lo piensan por primera vez de manera consciente. Y aun así nunca han dudado de su humanidad...

Finalmente, decir que para el conocimiento humano siempre se ha encontrado en gran medida en la literatura, en el arte, en la música. Hoy con este tema no consigo quitarme de la cabeza esta canción de Loquillo. La letra no tiene desperdicio. Un pedacito de conocimiento humano, aunque tal vez nunca lo vayamos a necesitar. Algún día escribiré más de este hombre...




P.D. Hoy soy muy mujer. Eso justifica cualquier sinsentido que haya escrito. Creo que he exagerado más de la cuenta... Pero es como el tono melancólico. No es voluntario, lo tengo en mi manera de divagar.

P.D 2. Gracias por leer. A los que comentáis, que siempre me sorprendéis llegando al final de las entradas... Y a los que sólo me leéis, que tenéis el detalle de decir "te sigo todos los días por el feed" o "te leo aunque no diga nada". Son ese tipo de relaciones extrañas que agradezco.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Aprender

Un día de febrero descubrí algo importante y es que me queda mejor el pelo corto. Debería haberme empezado a dar cuenta entonces. Las cosas no tienen por qué ser tal y como las has estado creyendo.

Pero el ser humano es obcecado. O al menos yo lo soy, de lo cual no se infiere necesariamente que sea un ser humano. La cuestión es que soy obcecada. Y aunque el mundo y las experiencias empiecen a darte pistas de lo contrario, tú sigues aferrada a tu antigua visión. Como los cerebros anquilosados que no puede aprender un idioma nuevo porque la sintaxis de la lengua materna ha abierto surcos demasiado profundos.

Entonces aparecen cosas que se llaman "piezas". Una aquí, otra allá, todos pedazos de información, conceptos extraños que no hay cómo englobar en tu puzle mental. Es entonces, te das cuenta de que vas a tener que cambiar hasta el marco para hacer que encajen. Porque tus premisas iniciales, los esquemas que has extraído del mundo ya eran erróneos. Estaban basados en una información parcial o retorcida... ¿Pero cómo los encajas? Sobre todo cuando tú ya estás configurada en base a unos esquemas viejos. Has sobrevivido siguiéndolos.

Entonces estás vacilante. De dos cosas principalmente. Por una parte, de ese mundo que funciona de una manera que tú nunca habías observado y en el que no sabes moverte. Por otra, de que de repente descubres que te cconoces muy poco, te queda mucho que descubrir y aún más que incorporar.

Algunas de las cosas que he aprendido últimamente es que llevar una cruz es la norma, no la excepción. Y si otros pueden hacer algo con su vida así, yo también debería. Y dejar de llorar de una vez. También sé ahora que el esfuerzo no es aguantar, sino avanzar. Finalmente, creo que todo el mundo necesita una dirección hacia la que moverse.

Me gusta pensar que voy mejorando, pero siempre acabo metiendo la pata hasta el fondo en una cosa diferente sin darme cuenta. De verdad, a veces me da la sensación de que me llamo Jane y que me muevo por enlaces filóticos... *sigh*

lunes, 13 de diciembre de 2010

Sherlock


Hoy tengo dos opciones. O me dejo llevar por este maldito ataque de neurosis, o intento seguir teninendo el control de mi cabeza de alguna manera. ¡Así que Sherlock!

Dicen que los clásicos nunca mueren, y en el caso de Sherlock Holmes va a resultar que es cierto. Tras la saga de juegos de Frogwares, las novedades para Nintendo DS y la película de Guy Ritchie, nos llega ahora una nueva adaptación de mano de la BBC.

Sherlock es una suerte de miniserie, compuesta hasta el momento por tres largometrajes de noventa minutos cada uno. Lo principal innovación que introduce es la modernización del mito creado por Conan Doyle. Si bien se apoya en varias de las historias del canon sherlockiano, los guionistas de la BBC arrancan a Holmes y Watson del regio victorianismo y los sumergen en pleno siglo XXI. Ésta es sin duda una apuesta arriesgada que ha arrojado unos resultados cuando menos asombrosos.

La serie
Nos encontramos ante una obra de misterio y, como tal, se han tratado con cuidado todos los aspectos característicos de este género. El ritmo es muy agradable de seguir. A diferencia de las películas de acción, las escenas deductivas y los diálogos también tienen un papel importante en la serie.

No sigues a dos personjes que van corriendo constantemente de un lado a otro de la ciudad (que también lo hacen, eh), sino que los acompañas en su línea deductiva en la resolución de un misterio. Este misterio, aunque apoyado en varias historias del canon sherlockiano, es de factura propia y en general está muy bien hilvanado. Es decir, no hay explicaciones imposibles ni sorpresas de última hora para mantener un misterio y hacer cuadrar el caso. La explicación está a la vista, al alcance de todos, pero simplemente nadie repara en ella... Y cuando se resuelve te llevas las manos a la cabeza y dices: pero ¿cómo no lo había visto?

La adaptación
La modernización de los personajes y la trama es de lo mejorcito que he visto. Más de una vez he intentado imaginar qué sería se Sherlock Holmes si hubiera sido creado en mi época... Y nunca he obtenido un resultado ni la mitad de bueno que éste.

Hay varias referencias al canon y escenas completas que han sido copiadas y modernizadas. Una de ellas es la escena inicial, con Holmes golpeando el cadáver con una fusta. Otra de ellas, el capítulo de La ciencia de la deducción en el que Holmes hace un análisis en profundidad del reloj de bolsillo de Watson y le dice hasta cuántos empastes tiene en las muelas. Este mismo diálogo se reproduce en el primero de los largometrajes de la BBC, pero aplicado al móvil que lleva en el bolsillo.

Además de estas referencias más llamativas, hay unas cuantas que permanecen bastante veladas a no ser que uno esté familiarizado con el canon. Nombres sacados de las novelas e historias cortas que se mencionan en una o dos ocasiones, pero que enseguida hacen saltar la alarma de los aficionados al gran detective. Por otra parte, también se hace un gracioso homenaje a la típica escena de Holmes pidiéndole a Watson que analice alguna prueba y recriminándole su falta de luces. Aunque en este caso el entrañable doctor se niega diciéndole que mejor no, que luego queda como un tonto. (Que es lo que todos pensábamos al leer las historias: ¿¡por qué nunca se negaba este buen hombre, si siempre quedaba a la altura del betún!?).

Los personajes
Más de una vez se ha comentado que en las historias originales de Conan Doyle lo verdaderamente importante es el carisma de Sherlock Holmes. El caso es interesante, puede estar mejor o pero planteado, pero todo el mundo quiere ver cómo lo resuelve Sherlock. Y por lo tanto, rescatar esa personalidad y aplicarla a los tiempos modernos es la parte más compleja de la operación.

A mí la elección de Benedict Cumberbatch me parece excelente. Y eso que a este hombre nadie le conocía... Es alto, delgado, tiene una cara extraña pero agradable, una nariz interesante y perfectamente podría ser Holmes. Me gusta bastante su actuación. En lugar del Holmes frío y calculador de Basil Rathbone, en mi opinión ha bebido más de la interpretación de Jeremy Brett: con sus altibajos, sus cambios de humor, sus explosiones repentinas, su tirarse al suelo, sus cambios de expresión faciales... Aunque tira demasiado hacia el Asperger me da a mí. Parece que en la producción de la serie se han olvidado de otro de los rasgos fundamentales de Holmes, su caballerosidad y educación. Aunque, por supuesto, es un detalle perdonable al adaptarlo a los tiempos modernos... Es lo que tiene.

El resto del reparto me parece igualmente maravilloso. Watson es simplemente achuchable, ¡y por fin tenemos a un doctor con el aire marcial que debió de darle el frente! Es menos tontorrón que el personaje de Conan Doyle, pero tampoco me quejo... Gana puntos de credibilidad. Lestrade, la señora Hudson, Moriarty, Mycroft, es perfectamente factible que fueran así aplicados a nuestros tiempos. Aunque especialmente en el profesor James Moriarty hay un giro muy interesante.

En resumen: que es una maravilla de serie, vamos. Plenamente recomendable para todo el mundo, aunque los fans incondicionales del detective pillarán más guiños. Y no soy yo la única que lo dice. En el IMDB le dan una puntuación de 9, Benedict Cumberbatch ha ganado el premio al mejor actor en los British Crime Thriller Awards por su papel como Sherlock, la serie se ha llevado el galardón a la mejor serie de misterio nacional y Rupert Graves ha estado entre los nominados para el premio al mejor actor secundario por su actuación como Lestrade. Además, hay que mencionar que Benedict Cumberbatch también está nominado al TV Times Awards como uno de los actores favoritos del país y que la serie ha obtenido 3 galardones otorgados por la Royal Television Society.

Cuando escribo tanto, me da la sensación de que el exceso de palabras hace que se nuble el verdadero encanto de algo. Me gustaría ser más concisa, pero entonces no digo todo lo que quiero decir... Es un desastre. Así que nada, mejor una muestra gráfica para terminar. Lo sé, lo sé, nadie habría dicho que esta canción le pegaría tanto a Holmes, pero... ¡Es que es maravilloso! <3>




¿He dicho ya que las ventas de libros han crecido un 180% y que la ropa estilo Holmes/Watson está arrasando en las calles? Ay, que me parto... Lo de la producción en masa de gabardinas y bufandas ha sido demasiado.
P.D. Llevo cuatro valerianas en el cuerpo, una tila doble y no hay manera. Estoy como para ponerme a seguir vetas en la madera del suelo .




viernes, 3 de diciembre de 2010

Trampantojos

Escapando de la crítica
Pere Borrell del Caso
"Quien hizo la ley hizo la trampa"

A veces parece que el ser humano haya nacido con una cierta inclinación a engañar al prójimo, una picaresca que ciertas culturas han sabido explotar con creces. Se engaña al diablo, se engaña a la muerte, se engaña al turista incauto y se engaña incluso a los sentidos. Entre los artificios con este último fin destaca sobre todo el trampantojo por su ingenio y simpatía.

La palabra TRAMPANTOJO es una palabra compuesta que el Diccionario de la lengua española recoge como derivada de "trampa ante el ojo". Su equivalente francés TROMPE L'OEIL presenta una etimología similar (engañar al ojor) y es como se conoce en la mayoría de culturas.

Tal como indica su nombre, la finalidad del trampantojo es engañar a la vista. Y así lo encontramos precisamente en la pintura y la arquitectura, haciéndonos creer cosas que no son reales. Nuestro cerebro queda capturado por la ilusión durante unos breves instantes hasta que reacciona al descubrir dónde está el truco. Este encontronazo entre la realidad y la percepción es lo que persigue el trampantojo. No importa que el truco sea inmediatamente revelado, el objetivo de este artificio es diluir los límites entre la realidad y la ficción por unos momentos.

Para ello se valen de diversos juegos de perspectiva, sombras y volúmenes con tal de forzar nuestra percepción por el camino equivocado. En el caso de los cuadros y pinturas, todos estos mecanismos se utilizan para simular una tridimensionalidad que no existe. Por eso sentimos que los personajes salen del cuadro acercándose a nosotros o que nos observan desde lo alto de una cúpula abierta al cielo. Esta perspectivas forzadas hacen que el trampantojo sólo pueda ser observado desde un lugar concreto. Al cambiar nuestro punto de ubicación, somos conscientes de la perspectiva forzada y los objetos deformados, con lo que los artificios quedan expuesto a la luz y el efecto del trampantojo se desvanece.

Eso es lo que sucede, por ejemplo, en los techos decorados de Andrea Mantegna y Andrea Pozzo. Enormes cúpulas se elevan ante nuestros ojos en un techo perfectamente plano. Los avances en materia de perspectiva que tuvieron lugar en la Italia del siglo XV y la ciencia óptica desarrollada en los países bajos en el siglo XIII permitieron crear estos efectos llamados concretamente di sotto in sù (percepción de un objeto como si lo estuvierámos mirando desde abajo) y quadratura (pintura decorativa en fresco que se confunde con la arquitectura).


Techo de la cámara de los esposos
Andrea Mantegna

Cúpula de la iglesia de Sant Ignazio vista desde la perspectiva para la que fue concebida
Andrea Pozzo

Cúpula de la iglesia de Sant Ignazio desde una perspectiva diferente.
Puede apreciarse la distorsión que presenta el dibujo (anamorfosis) para que el trampantojo funcione.


Aunque con efectos arquitectónicos, la mayoría de los trampantojos han sido creados con medios pictóricos. No obstante, también hay algunos ejemplos en los que la ilusión se consigue usando méramente elementos arquitectónicos.

La Galleria Spada de Borromini tal vez sea el ejemplo más impactante. Este pasillo está diseñado para que, observado desde la entrada, imite la percepción visual que tenemos de un corredor de 37 metros; aunque su distancia real no supere los 9 metros de longitud.

La Galleria Spada y sus aparentes 37 metros de profundidad.

El truco al descubierto (elevación del suelo, estrechamiento de las paredes, reducción de las columnas y el espacio entre ellas, etc.)


De una naturaleza diferente es el efecto óptico que generó Bramante en la Escalera del Vaticano. Las escaleras se encuentran en el Museo Vaticano y parecen retorcerse sobre sí mismas una y otra vez en ángulos imposibles. Esta sensación tan vertiginosa tiene fácil explicación si observamos la base de los peldaños, ya que descubrimos que en realidad son dos escaleras helicoidales la una sobre la otra.


Escaleras del Vaticano

Vistas desde abajo

Aún es posible rizar más el rizo (que buena soy con los juegos de palabras, por Dios), como demuestran las escaleras del Museo del Pueblo Gallego en Santiago de Compostela.


Tras un periodo de proliferación durante el Quattrocento el Cinquecento y el Barroco, el trampantojo cayó prácticamente en desuso en el ámbito artístico. No obstante, su naturaleza picaresca y simpática le han valido la pervivencia hasta nuestros días. Eso sí, en un entorno mucho más cercano al ser humano donde puede pasar desapercibido y confundirse con su realidad cotidiana.

Como por ejemplo, en las calles:


Obra de Edgar Mueller


Obra de Kurt Wenner
Obra de Julian Beever
Otra obra de Julian Beever
Esta vez inspirada en Escher

En las fachadas:

Trampantojo en una de las calles principales de Montpellier.
Éste solía verlo yo desde el restaurante donde comía.


En las paredes de casa:





En los muebles:




Y hasta en la ropa:
Colección de Rosalind Keep

domingo, 28 de noviembre de 2010

Y colores en el viento descubrir...

Hace tiempo que no lo menciono, pero me gustan los colores. ¿Por qué? Bueno, son infinitos, están en todas partes, continuamente a la vista... Pero nadie se maravilla de su existencia. Y es como para maravillarse, leñes. Tenemos suerte de estar configurados para percibirlos.

Cuando tienes intereses particulares, acabas topándote con cosas particulares. De vez en cuando encuentras algún manual especializado de diseño, un apartado en los libros de simbología, monográficos sobre psicología del color o algún librajo escondido en la sección de psicología fisiológica. Es tan fácil como mirarlo en el catálogo de Casa del Libro, que es lo que yo he hecho. Pero ¿y el color en su totalidad? ¿No hay ninguna publicación que lo abarque? Pues sí, sí que la hay. Y no sólo eso, sino que los colores tienen hasta su propio examen oficial reconocido por el gobierno... japonés, eso sí.

El examen en cuestión se llama 色彩検定 (Shikisai kentei), algo así como "Examen oficial de color" y está dividido en tres niveles, el básico (3º), el intermedio (2º) y elavanzado (1º). Como sucede aquí con los exámenes oficiales de idiomas, hay una o dos convocatorias al año según el nivel. A ellas se presentan unos 60000 candidatos todos los años, sin importar género ni edad, aunque es cierto que la mayor parte son estudiantes o especialistas en diseño gráfico, interiorismo, moda, maquillaje y hasta floristas. Eso sí, me haría gracia ver a la típica señora ama de casa o jubilado haciéndolo... Porque seguro que los hay, viendo las estadísticas de edad. Y todo al módico precio de 7.000-15000 yenes (60-130 euros).

Ahora bien, ¿qué demonios estudias para un examen de COLORES? Pues... por fortuna tengo los libros para preparar el nivel básico y son, por lo pronto, "particulares". Incluyen temas como: bases para la observación del color, la naturaleza de la luz y del color, ondas lumínicas, fenóminos y tipos de luz, anatomía del ojo humano, nombres, diferencias culturales en la partición del espectro, EFECTOS ÓPTICOS, psicología del color y asociaciones, combinaciones, colores en moda e interiores, etc. Por lo que he visto, los dos niveles superiores se enriquecen con temas como los colores a nuestro alrededor, equilibrio de colores en la naturaleza, diferencias culturales de color entre oriente y occidente, color en la identidad corporativa, y tratamiento en profundo del color en la moda, interiores, exteriores, diseño gráfico y diseño de producto.

¿Quién lo iba a decir? Así expuesto puede parecer una tontería, pero el susto viene cuando ves las estadísticas de aprobados y sólo el 27% de los examinados en el nivel más alto consigue pasar la prueba. Si algún día estoy por Japón y coincide que hacen la prueba, creo que me aseguraré de haberme matriculado. A fin de cuentas no pone en ningún sitio que tengas que ser japonés, y anda que no molaría decir en cenas de sociedad: soy especialista del color. Jias, jias, jias.

Hala, venga, un vídeo para terminar. Y no, no es la canción de Pocahontas:


jueves, 25 de noviembre de 2010

Recuerdos

Últimamente he estado pensando bastante en la peculiar naturaleza de los recuerdos. Son extraños, momentos secuestrados de una línea temporal que decidimos llevarnos con nosotros en el bolsillo de la chaqueta. Podrían haberse perdido, como tantos otros, pero perduraron en una caja de zapatos.

Todo esto porque hace cuestión de dos semanas me escribió un amigo con el que llevaba más de medio año sin hablar. Era un mail cortito, en el que me recordaba los tiempos en los que nos solíamos encontrar en la boca de metro. Bajábamos juntos hasta el andén y allí nos sentábamos en un banco, duranto cinco mintos, diez como mucho. Veíamos correr a la gente para entrar en el vagón y allí sentados decíamos: "¡Corred, míseros humanos!" A los diez minutos nos tocaba a nosotros meternos en la marabunta, pero ese momento desligado del continuum había merecido la pena.

Me pareció curioso que me recordara justo así, de todas las maneras posibles. Y de repente me sentí como con una especie de tesoro entre las manos. Me explico, más o menos todos conocemos el valor de los recuerdos porque los tenemos. Pensamos en ellos con cariño, nos recuerdan momentos importantes de nuestra vida, encuentros, desencuentros y esas cosas. Pero no todos los días vemos cómo estamos codificados en los recuerdos de los demás. Tal vez los recuerdos que alguien guarda contigo sean un reflejo de cómo te ha visto. Un recuerdo, tras otro, tras otro, que acaban formando un mosaico de "lo que has sido" en la mente de esa persona. Cuanto más recuerdos, más nítido el mosaico. Sabemos lo que vivimos con otros, pero no lo que otros viven con nosotros... Y creo que me gustaría conocerlo. Una perspectiva de mí misma fosilizada en el cerebro de otra persona. ¿Hasta qué punto se acercará eso a lo que soy?

En tu conciencia siempre estás solo, ese "yo" que habla dentro de tu cabeza. Y sin embargo hay pedacitos que otros han dejado dentro de ti. Casi un milagro, ¿no? Que pedazos de "otro" habiten en ti... Uau... No sé, tal vez sólo sea que me estoy obsesionando.

P.D. "¡Corred, míseros humanos!" Tuve esa misma frase en la mente otra vez, mirando hacia abajo desde un hotel en Londres. Con señores trajeados corriendo continuamente por un puente. Y luces encendidas hasta la noche en las oficinas...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Los hombres que no amaban a las mujeres

Estos últimos meses he estado un poco malita. Mi cabeza siempre me ha dado algún que otro problema, pero esta vez he tenido que frenar en seco. Ahora creo que empiezo a estar mejor: vuelvo a hacer cosas, a estar en contacto con la gente y por fin tengo ánimo para escribir. Eso sí, aún me da algo de miedo tener la página en blanco delante y me noto oxidada, torpe y a trompicones. Pero no sé... Últimamente tengo muchas ganas de recuperar este pequeño microuniverso. Mi mente sigue burbujeando, como una olla de cocido al chup-chup, y dejarlo todo dentro es hacer como si no existiera.

Así que empiezo con la lectura, una de las aficiones que he recuperado recientemente. Sí, vuelvo a estar lo suficientemente tranquila para concentrarme en un libro. Éste lo lei hace basntante, pero aprovecho que ha dado mucho de qué hablar: Los hombres que no amaban a las mujeres.

Este libro es el primero de una colección que se llama Millennium y que escribió un señor que se llamaba Stieg Larsson, pero que murió. Es un volumen gordo y negro, con un dibujito en tonos rojos, que todo el mundo lleva en el metro. Por el nivel de saturación en librerías y áreas de servicio, yo diría que se ha convertido en un fenómeno de masas. Hasta yo me he dado cuenta, y eso que no piso mucho con los pies en el suelo.

A ver, por partes.

Los hombres que no amaban a las mujeres es una historia de misterio. El protagonista es Mikael Blomkvist, un periodista de investigación que es contratado por el multimillonario Henrik Vanger para desentramar un misterio que tuvo lugar 36 años antes. Y eso es todo, a lo largo de cientos de páginas seguimos los avances de la investigación hasta que se desvela el misterio.

El planteamiento del caso es curioso, cuadra y tiene argumento. Pero los protagonistas usan el camino largo para llegar a la conclusión. Desde el momento en el que Henrik Vanger plantea los hechos por primera vez es posible deducir lo que ha pasado con una regla matemática muy sencilla. Sólo hay dos posibilidades. Mikael se orienta por una y pasa cuatrocientas páginas siguiendo el hilo hasta descubrir algo que le orienta hacia la segunda hipótesis. Algo que te pone de los nervios cuando desde el principio has visto de cajón dónde está el truco del argumento... A mí ya me pareció forzado encauzar al personaje así, haciendo que estuviera totalmente ciego ante cualquier otra explicación.

En cuanto al ritmo de desarrollo hay algo que me gustó y algo que no. Está muy bien cómo poco a poco se le van quitando velos al misterio. No tanto que tarden cientos de páginas de detalles insulsos y repeticiones constantes para hacerlo. ¿De verdad era necesario? Muchas palabras no equivalen a un mejor texto, lo dice alguien que se enrolla como las persionas. Es excesivo, pastoso, aburrido. ¿Qué ocurre? Que si no estás acostumbrado a leer, seguro que no pierdes el hilo de la narración con este texto. ¿Por qué? Porque si desconectas durante cuatro párrafos, cuando vuelves a retomar el hilo las cosas siguen donde las dejaste. En mi opinión, habría sido una novelita acojonante de 300 páginas a la que le tendría un gran respeto. Y no, las otras 500 o 600 no son necesarias para establecer la psicología de los personajes. Quien crea que sí, que se lea Demian de Hesse y luego hablamos.

Finalmente me gustaría hablar del personaje femenino: Lisbeth Salander. Creo que si aguanté el libro hasta el final fue por ella. Gothic punk , menudita, estrafalaria, inteligente a rabiar, al margen de las convenciones sociales, rancia y con problemas emocionales. Sinceramente, ¿quién podría resistirse? Si hay algo que me llamó la atención fueron sus líneas de pensamiento. Son increíblemente realistas y factibles... Una mujer como ella realmente pensaría así. Doy fe. Me pareció tan curioso que he llegado a plantearme si Larsson no conocería a alguien parecida a ella. Tampoco sería tan de extrañar, teniendo en cuenta que el personaje de Mikael es el doble ficticio del escritor.

Y más o menos esa es mi opinión de libro. No tengo ni idea de por qué ha pegado tan fuerte, la verdad... ¿Marketing? ¿La leyenda negra de su autor? Vete tú a saber... Luego está eso que oyes de que el libro es un grito al feminismo. He leído en varios sitios que Lisbeth es algo así como una heroína de los nuevos tiempos a favor de las mujeres. Es cierto lo de su sentido de la justicia, pero dos apuntes:

a) ¿Dónde ha estado metida la gente que dice esto del personaje? ¿No se ha expuesto a ninguna obra literaria o de ficción en general en que las mujeres sean independientes y pongas lo puntos sobre las íes? A ver si el mundo va a estar peor de lo que me pensaba...

b) Lisbeth en ningún momento lucha por defender su situación "como mujer". Lo hace porque a ella nadie le toca los cojones. Creo que ahí hay una importante diferencia. Creo que se le quedaría la misma cara que a mí si vinieran y me dieran una banda de papel higiénico por ser la defensora a ultranza de las mujeres. Si tú lo único que has hecho es velar por tus intereses...

¡Primera reseña escrita! ¡Conseguido!

Tequila - Salta

Gooood morning, Vietnaaam!!!



Buen miércoles a todos lo que paséis por aquí.
^_^

sábado, 28 de agosto de 2010

La polisemia del verbo sentir

Estoy trabajando un poco con el aire acondicionado de la oficina, y de repente se me ha ocurrido algo: el verbo "sentir" es una verbo curioso.

Que yo sepa, se puede sentir en dos lugares: en la piel, o por dentro.

En la piel sentimos cosquillas, frío, calor, presión y esas cosas. Por dentro sentimos "sentimientos": tristeza, alegría, ilusión, nervios. Y después hay otras cosas que también se sienten y que son aún más extrañas. Se puede sentir el presente, se puede sentir el futuro, se puede sentir la vida, se puede sentir una intuición, se puede sentir la cercanía de la muerte. Y ahora mismo éstas son las que se me ocurren.

Pero es curioso. La de cosas extrañas que se pueden sentir... Tanto que la sensación es muy difícil de describir con palabras. Errr... Vuelvo al trabajo.

sábado, 14 de agosto de 2010

After Cloudia

Si es que... Nadie dijo que hubiera que renunciar a los cuentos.



jueves, 5 de agosto de 2010

Con los ojos cerrados

Con los ojos cerrados en Hyde Park y el solecillo de frente. Un par de tumbonas de libra y media y un libro en oferta del Waterstone.

Creo que es uno de los recuerdos más nítidos del viaje. Y posiblemente también uno de los más bonitos.

Estando así me di cuenta de algo que hace tiempo que me olía. Bueno... En realidad lo sabía a ciencia cierta, pero no lo había notado nunca con tanta claridad. Con los ojos cerrados, respirando despacio, puedes estar donde quieras, con quien quieras... Incluso puedes ser quien quieras sin dejar de ser tú mismo. Todo lo que has vivido hasta ahora puede ser sólo un sueño y al abrir los ojos quién sabe si volverás a tu verdadera realidad. Lo había pensado desde hace años, pero nunca había tenido palabras.

Pero eso es sólo la primera fase.

La segunda es una presión en el pecho, cuando te das cuenta de que todo lo que hay fuera de tu cabeza parece falso. La gente, las relaciones entre ellos, las emociones como la felicidad, lo que tus ojos ven, lo que tus oídos oyen... Nada es lo suficientemente intenso comparado con lo que de repente tienes en tu cabeza. Esa sensación de Ser y la angustia que te aprieta el pecho como una medusa. Entonces respiras más rápido y te das cuenta de que no has terminado de regresar al mundo real/exterior. No sabes exactamente dónde estás, así que buscas algo para beber, un olor penetrante, un tacto característico o (en última instancia) te clavas las uñas con todas tus fuerzas. Porque el dolor sí que es real dentro de ti, y los sentidos en los que menos reparamos en estos casos son también los más fidedignos.

Y luego viene la fase tres.

Cuando caminas como zombi por la calle, sin pisar del todo con los pies en la tierra y mirando la cara de cada persona que te cruzas. Porque tiene que haber alguien más que se haya quedado atascado como tú. Y casi siempre son ojos apagados y distantes. Sabes que te miran, que te reconocen, por un momento dejas de estar sola y luego de repente se pierden entre la multitud y no vuelves a saber de ellos. Pero te vas a casa un poco más tranquila porque te sientes menos loca con la sensación de que alguien te ha visto.

Ya he vuelto de Londres, y éste es uno de los pensamientos que me he traído. No sé si alguien más se trae esta especie de recuerdos, pero a mí siempre me hace ilusión cuando un nuevo Pensamiento Peregrino surge. Fuera de mi cabeza el viaje ha ido muy bien, dentro ha habido algún que otro susto. Ahora estoy en casa de mis padres y espero poder tranquilizarme antes de volver a Barcelona el lunes que viene.

Me alegro de volver a actualizar.

lunes, 26 de julio de 2010

Cerramos chiringuito

¡Aviso rapidito y urgente! Que no tengo para más...

Amos a ver...

Me voy a Londres una semanita y no me llevo el portátil, así que dejaré el blog en stand-by hasta el miércoles de la semana que viene. Cuando me vaya a casa de mis padres acompañada de Meteoro y pueda hacer algún reportaje de esas cosas que voy a ver por el norte. Evidentemente, Baker Street parada obligatoria. Y la tienda de recuerdos de enfrente también... ¡Voy a hacer realidad mis sueños de fangirl absoluta! Holmes... <3 br="br" cosas="cosas" entre="entre" otras="otras">
Er... Hum... Me da algo de rabia dejar el blog justo cuando había vuelto a coger ritmo y todo está tan animadillo. En hora y media salgo para la estación, y aún estoy en la oficina y ni siquiera he hecho la maleta. Genial, yo en mi línea. En

fins... Er... Hum... Pues eso. Recordad que ante toda elección en la vida siempre hay dos maneras de ver las cosas. Es cuestión de voluntad. Ésta, que es la buena:



Y ésta, que es la mala:


Todo es cuestión de voluntad. No, no sé cómo se me ocurren estas cosas en estos momentos en los que espero a que se termine de copiar el dichoso CD. No llego, no llego, no llegoooooooooooo...

P.D. ¡Hasta la vuelta!
P.D. Ahora me habré equivocado con la canción de la Oreja de Van Gogh, pero ya me entendéis...

domingo, 25 de julio de 2010

Cuentos

Estoy volviendo a escribir. Hacía tiempo que no lo hacía. Y que ni siquiera tenía ganas. Ahora que ha vuelto, mi cabeza está mucho más tranquila. Sigue con sus explosiones habituales, pero mis treinta banshees se han empezado a callar.

Me sigue costando producir, tengo fobia a la página en blanco. ¿A cuántas cosas tengo fobia? Es que recientemente he descubierto que también se la tengo al cine...

Pero más o menos sigo en mi línea. Madame Tarántula y compañía cada vez están un poco más definidos y estoy trabajando duro para encontrar la mejor manera de contar la historia. Han surgido algunos personajes nuevos (el viejo de la bombona de oxígeno, el escriba insomne, Lucía Argentea, Beatriz...) y algunos de los clásicos han cogido mayor transfondo. Poco a poco todo se empieza a organizar para que de ese universo surja una acción capaz de crear una historia de verdad.

Por otra parte, he recuperado un viejo clásico: los cuentos para niños. Hace mucho tiempo que no me daba por aquí, pero he rebuscado entre el material antiguo y lo estoy retocando para ajustar el tono y hacer bien las divisiones por página. Al principio pensaba que sólo tenía un par de cuentos, pero al pararme a pensar he visto que tengo alguno más en la recámara. Pongo aquí los títulos, a ver si resulta sugerentes:

-La ladrona de belleza
-La princesa con los labios de escarcha
-La tejedora de sombras y el príncipe de la noche
-El circo de los horrores
-El príncipe Tupé Facto
-La mujer de las piernas estilete y el niño lámpara

Quiero hacerlos bien. Últimamente los cuentos fallan... No porque no estén bien escritos o porque los dibujos sean feos. Les falla la base: son historias, no cuentos. Los cuentos tienen que esconder algo tan grande que queden grabados en la mente de los niños. Sin rebajarlos. Sin ridículas éticas, ni morales. Sin miedo al grotesco. Ahora mismo estoy leyendo un ensayo bastante denso sobre la morfología del cuento, a ver si puedo hablar un poco más de esto cuando lo acabe...

Además, creo que volveré a pasarme por las librerías especializadas para ver por dónde se mueven ahora... Hace algún tiempo me llevaba bien con las dueñas de un par de tiendas de Barcelona. A ver si aún se acuerdan de mí.

Ahora es cuando mi mente se acelera. Y se imagina lo maravilloso que sería editarlos, con ilustraciones. En una colección titulada Los cuentos de Addy, con la mascota de la página (¡decidle hola, coñe => en la columna de la derecha!) por ahí rondando...

Algunos están escritos pero sin retocar. A otros aún les queda... ¡Pero si alguien quiere leer alguno que me avise por blog y mail! Estaré encantada de enviar un copia.

viernes, 23 de julio de 2010

La chica de la oficina

Todo el mundo llora, por dentro o por fuera, con ruido o sin él.Y la gente que me conoce sabe que yo lo hago con toda naturalidad: en la oficina, en casa, en el metro o por la calle. Suelto lo que tengo que soltar y sigo como si nada. Poco a poco todo el mundo se acostumbra, hasta que deja de ser una visión tan extraña.

Esto lleva a situaciones peculiares algunas veces, porque la gente que hay cerca te pregunta qué te pasa. Si hay algo, se lo cuentas; si no, les explicas que lloras sin más. Pensándolo ahora se me hace gracioso, porque un pequeño tanto por ciento de Barcelona conoce mis problemas. O sabe que estoy loca. Francamente, me da igual porque no los volveré a ver. Y ellos se fueron a casa con una historia que contar durante la hora de la cena. Todos ganamos.

Otra de las cosas que hago bastante en mi oficina es bailar. Cuando no hay nadie, claro. El único que me ve es el vecino que tenemos justo enfrente. Más de una vez se ha echado a reír cuando en la hora de la comida, me ve con el café y las coreografías. Supongo que no hay mucha gente que haga estas cosas... Y menos con las persianas levantadas y las luces encendidas. Pero yo me quedo a gusto y me importa más bien poco el qué dirán. Seguro que más de uno se muere de la envidia porque se me ve feliz.

Y si es por bailar también en casa... En el salón, con la música a todo volumen. Born to be wiiiiiiiiiiiild y la raqueta azul de la pared. O Abba que da mucho juego. O italo music... O... O... O... Cualquier otra. También hemos bailado algo rockabilly, me parece recordar.

Ahora entiendo por qué el baile está tan relacionado con lo dionisiaco. Y quien no disfrute de ello (y hay mucha gente), se pierde un gran placer. Y un gran boom. Y una gran sonrisa. Que se jodan, anda. Que muchas paranoias malas tengo que aguantar ya. Qué bonito tener también cosas que te hacen sentir bien. Me alegro de que me enseñaran a apreciar la música de verdad...

miércoles, 21 de julio de 2010

Es gracioso cuando alguien se entera de que estudias Antropología de las Religiones y acto seguido le ves encoger la nariz. Si la persona es educada ahí se acaba la conversación. Si no lo es, o es demasiado sincera, se ríen un rato y luego te preguntan para qué sirven esas cosas. Tú intentas responder, pero no tardas en darte cuenta de que no te escucharán más allá de la segunda frase. Así que te encoges de hombros como si fueras tonta y cambias de tema. Es una de esas cosas que tienes tan claras que no necesitas el consenso del otro, ni esa molesta autojustificación para reafirmarte.

Le he estado dando vueltas y vueltas al tema, y creo que por fin he descubierto dónde radica el problema. Cuando alguien escucha que estudias XXX de las Religiones, debe de pensar que lees la Biblia de cabo a rabo y conoces todos los entresijos que componen la religión cristiana. No es por ofender a los teólogos interesados en la materia, pero ni siquiera a mí me parece interesante esa perspectiva.

Como, sinceramente, no tengo ni puñetera idea de cómo redactar la entrada al final voy a optar por escribirla mediante puntos. Que siempre es muy socorrido y la gente se cansa menos al leer.

a) Religión y no religiones
La Historia de las Religiones (y demás), estudian las religiones y no la religión. Estamos hablando de algo que viene desde el Neolítico, e incluso antes. De hecho, ha venido acompañando al hombre desde que el ser humano es Ser Humano, en el sentido de que jamás ha existido una sociedad sin religión. Yo diría que su variedad es tan amplia como la de las lenguas y que, si te pones, las puedes dividir en familias similares.

Las interrelaciones entre las religiones son algo apasionante (qué desgastada está esta palabra). Puedes ver cómo les han afectado las invasiones, la economía, la dominación externa, cómo se han usado como control de masas y también como medio para mantener cohesionada la sociedad. Es como un "fenómeno" que ha ido mutando junto con la historia del ser humano y, rascando sobre él, ves lo que ha ocurrido antes.

Creo que pondré un ejemplo. En la mitología clásica Zeus estaba casado con Juno. Pues bien, resulta que antes de la llegada de los griegos Juno era la diosa principal de una región XXX. Grecia los invadió y ¿cómo supeditar a las gente de la zona XXX desde sus propias creencias? Fácil, hacemos que su diosa suprema se case con un impresentable y que la gente se ría de ella por er la cornuda suprema.

Puede que practico, lo que se dice práctico, no es que sea. Pero es un engranaje muy complejo. Con estructuras lógicas que cuesta descubrir y paralelismos asombrosos entre diferentes ejemplos de religión. Es divertido porque no es sólo asimilar información, sino que tienes que ir atando cabos en tu cabeza y vas viendo cómo la telaraña/sistema va creciendo.

b) Estudio y no creencia
Ante tanta variedad de fenómenos y manifestaciones, es necesario ser absolutamente objetivo. Y cuando estudias todo este material como un "objeto" dejas de creer al 100% en él. Básicamente porque descubres de dónde proviene todo y por qué. Digamos que la Historia de las Religiones es la puerta a la verdad debajo de la religión.

Ni siquiera la ética y los valores se mantienen estables, sino que hay que ir adaptándolos a cada contexto. Por ejemplo... Las fuentes no son del todo fiables (que a los clásicos también se les iba la pinza), pero al parecer todas las mujeres babilonias debían prostituirse una vez en la vida ante extranjeros. Y lo mismo para las que no se cortaran el pelo en honor de la diosa. Por no hablar del templo que había a la puerta de la ciudad... y tantas otras cosas.

c) Humanismo y no ciencia
Hace unos años una buena amiga me dijo una frase que me marcó bastante y era, más o menos, que somos unos egocéntricos y que nos creemos mejores que las generaciones que vinieron antes que nosotros. Y a la hora de la verdad no hemos cambiado en absoluto. Desde que el Homo sapiens es Homo sapiens, sentimos lo mismo y nuestro cerebro opera de una manera idéntica.

Durante estas últimas generaciones nos hemos centrado en descubrir los misterios del mundo, del universo, la ciencia y la tecnología. Que está muy bien, de verdad. Sin todo eso ahora mismo nuestra vida no sería lo que es. Pero hemos olvidado que la psique del ser humano sigue siendo la misma Las inclinaciones que le llevaron a inventar una creencia X o un dios Y siguen estando en nosotros.

Sólo hay que ver el auge de todo este tipo de creencias new-age... A mí las que más nerviosa me ponen son las que hablan del retorno de la diosa. No es cuestión de considerarlas tonterías, sino de apreciar en ellas el mismo patrón que has observado en quince mil historias y religiones diferentes. La gente sigue creyendo en lo mismo (o queriendo creer) y lo único que ha hecho es lavarle la cara. El fenómeno sigue siendo el mismo. Lo que no saben es que no funcionará, porque son religiones artificiales que, como los lenguajes artificiales, se quedan cortos. Para que estas cosas funcionen tienen que ser naturales y surgir y evolucionar con el ser humano adaptándose al contexto histórico-cultural y no sólo a las necesidades psicológicas de la gente.

Así que, mientras la gente se afana en estudiar el mecanismo de la flauta de émbolo (yo qué sé), aquí una servidora se centra en desentramar y hacerle la autopsia al ser humano como un mero entretenimiento mental. Y si a veces se me va la pinza, muchas otras veces ves que las cosas cuadran.

P.D. No sé sintetizar.
P.D. Y empiezo a pensar que tampoco sé escribir.

martes, 20 de julio de 2010

Todo esto viene a raíz de una entrada que publiqué hace unos días sobre otro gran arquetipo de nuestros tiempos: El guaperas ochentero. Recibí un par de mails inesperados que me sugerían volver a hacer algo similar si se me ocurría. Me hizo gracia, de verdad. Es la típica tontería que cuentas, que piensas que sólo a ti te hara gracia... Y de repente hay más gente que se ríe. Precisamente porque es eso, una tontería soberana.

Así que de oca a oca y tiro porque me toca (otro día hablaré de los orígenes de la oca). No podía tardar mucho en retorceder treinta años y llegar a la fuente de otro gran arquetipo de la historia aún más interesante: el tío del tupé. Personajes con el famoso pompadour han ido salpicando la historia y la ficción a lo largo de los años... A cada cual más característico y auténtico que el anterior. Pero ¿qué es lo que destila realmente el tupé? Sinceramente, no tengo ni puñeterísima idea pero es toda una seña de identidad que vuelve a las personas/los personajes verdaderos iconos.

Y empezaremos con los que probablemente sean los tupés más conocidos.

Evidentemente, ¿quién podría encabezar si no el listado?
Aparte de la voz, siempre diré que este hombre tenía un extraño atractivo que no se ha vuelto a repetir.


Tupé único e inimitable. Vamos,¿ quién no se ha bailado el Grease Lighting?
Y hablando de la peli, ¿he dicho ya que quiero este vestido?
http://www.dollgenie.com/2008/Lg-2008-Grease-Cha-Cha-Dance.jpg
Aunque no para la Barbie, claro.
Y tercer tupé mítico donde los haya, creo yo.
Aunque este señor no me cae ya tan bien.

Como gran icono del tupé, tampoco podemos olvidarnos de Loquillo. Esa grandísima (literal y figurada) estrella que ha sabido darle al peinado personalidad propia. Y, fuera coñas, en serio: pedazo letras. Memorias de jóvenes airados, Cuando fuimos los mejores, La mataré, El cadillac solitario... ¡Y qué coño! ¡Le gusta Cirlot! ¡Di que sí Edu, conquista el mundo desde la tumba!




Dejo La mataré, que es una de mis favoritas. Atención a la letra, porque es poesía. Pero no de esa rimbombante y cargada de esdrújulas ininteligibles; sino la de verdad. La que cuenta cosas.




Siguiendo en el ámbito musical no puede faltar The Baseballs, un grupo que he conocido recientemente y famosos por sus versiones de Umbrella o Hot n' Cold, con las que han resucitado los viejos ritmos del tupé. Creo que soy yo, que veo el peinado y me emociono... Pero es verlos y te caen bien.


Aquí Umbrella, al menos mi canción favorita. Grancioso vídeo con todos los movimientos del arte. Muy recomendable también Hot n' Cold.




Y para concluir, no podría cerrar la entrada sin mencionar a todos esos rockabillies anónimos que pasean su atemporalidad por las calles. En la foto y en el vídeos, bailarines espontáneos en el parque Yoyogi (Tokio). Tenemos malas experiencias intentando hacer algo similar en casa en una de esas noches de Singenio, palomitas y madrugadas devanándonos los sesos.








Eso sí, no me podía marchar sin hablar antes de mi personaje con tupé favorito. Y aquí sí que no me podré defender de los comentarios amenazadores. Katô, protagonista de Maiwai. Pirata moderno, adicto a la adrenalina, a la vida y loco como una cabra obsesionado por perseguir el horizonte. ¡Y de éste, dos fotos! (Por cierto, Maiwai es una obra muy recomendable para... quien le gusten las cosas muy raras y las novelas de aventuras clásicas a lo Isla del tesoro).


P.D. Ya estoy mejor, vuelvo a tener fuerzas para escribir un poco por la noche después de trabajar. Aunque no estoy teniendo mis mejores días, lo intento. Creo que eso explica por qué el texto me ha quedado un poco soso.
P.D.2. Si a alguien se le ocurre alguien más con tupé, que avise... Ya que estamos.

domingo, 11 de julio de 2010

El Ocho (Katherine Neville) - Reseña

Con esta decisión mía de que tengo que hacer algo con mi vida, hace unos días me planté en La casa del libro y descubrí que había salido a la venta El fuego, la secuela de El Ocho. Le eché un vistazo por encima, pero, viendo que no me enteraba de nada, decidí comprarme también la primera parte.

Hace tiempo que me la había leído (hace 15 años), pero sólo me quedaba un vago recuerdo y era algo parecido a que "el libro estaba bien". Así que me puse manos a la obra y... En efecto, el libro está bien.

Hay por ahí un ajedrez que llevaba mil años enterrado, que en época de la Revolución Francesa vuelve a salir a la luz. En cuanto esto sucede, la partida se reanuda. Los trebejos y el tablero se diseminan por el mundo, y dos equipos (blanca y negras) se van moviendo a lo largo de los años para hacerse con todas las piezas y desvelar el misterio que les otorgará un gran poder.

El misterio que rodea al Ajedrez de Carlomagno se va desvelando poco a poco, a partir de los relatos y las intervenciones diferentes personajes históricos o ficticios. De este modo, las piezas diseminadas a lo largo unos 12 siglos van formando poco a poco en un puzle que abarca desde las estepas Rusas hasta el desierto de Algeria.

Hasta ahí vamos bien. Que ya lo digo, el libro es bueno y la historia es interesante. Además, la trama está muy bien entretejida, y eso que tiene muchos hilos. Pero poco a poco las cosas me han empezado a chirriar.

Lo primero, y lo que más me ha puesto de los nervios, son los personajes. ¿Hola? ¿Nadie tiene personalidad en esta casa? Personajes típico-tópicos. Creo que ANODINOS es la palabra. Quitas los nombres propios del libro y eres incapaz de descubrir quién está hablando. La única que se salva un poco es Lily, que por lo menos tiene carácter para quejarse.

Otra de las cosas que no me ha gustado es la sarta de personajes importantes y conexiones que tiene la protagonista, todos en vueltos en el lujo y siendo lo más de lo más. Como si ella fuera el ombligo del mundo. Tiene 23 años, señores y señoras. A no ser que en los 80 las cosas fueran muy diferentes, a esa edad nadie sabe hacer la o con un canuto. Y menos teniendo un carácter tan ANODINO. A esa edad eres torpe por el mundo, y en lugar de recalcar ese hecho en el libro (y aprovechar para ilustrar la evolución), el peronsaje ya es un personaje perfecto desde el principio con una complejidad cero.

Luego está el hecho de que el final está cogido un poco por los pelos, que todo el mundo parece saber del ajedrez de Montglane (cuando se supone que es alto secreto) y que, llegado a un punto, ya no se desvela nada más. Las páginas empiezan a alargarse, la historia no lleva a ninguna parte y las ideas empiezan a repetirse.

Por lo demás, muy buen libro, oye. Amenos de leer a pesar de las 600 y pico páginas. ¡Lo digo en serio, sin ironía!

Pero lo que más me ha gustado ha sido la traducción, a cargo de Susana Constante. Llamadlo defecto de profesión. Pero, exceptuando algunas erratas ortotipográficas, su presencia ha sido absolutamente invisible. Incluso en párrafos cargantes, descriptivos, culinarios, paisajísticos y enrevesados, la prosa se ha mantenido intacta. Elegante, fluida y fácil de leer. Cuando digo elegante, me refiero a "Elegante". No esa especie de cosa recargada con miles de artificios, que aveces se pone de moda. Lo justo y necesario. Cómodo y agradable de leer. Tal vez no erúdito, pero sí culto. Un lenguaje coherente con el libro.

De esto me he dado cuenta al empezar a leer esta tarde El fuego, y llevarme las manos a la cabeza al encontrar diez erratas en cincuenta páginas. Y no ortotipográficas, precisamente. Los personajes hablando como si fueran adolescentes y ni un chirrido tras otro. Nada que ver con ese estilo tan limpio de la primera parte.

En fins... que será por hablar y quejarme y decir lo que pienso. Porque sí, aunque muchos lo duden porque me acelero, ¡pienso! ¿Luego existo? Existiré, pero si esto es vida...

jueves, 8 de julio de 2010

El eterno retorno



Ya empieza todo de nuevo.
Saldría corriendo así. Hasta llegar a ninguna parte.
Pero nunca es lo suficientemente lejos.

Y sólo puedo decir que lo siento.

martes, 6 de julio de 2010

¡Que me suban las tetas!

Antecedentes: Me he pillado una infección de caballo que me ha tenido dos semanas en la cama y los médicos no saben muy bien por qué ha sido algo tan exagerado. Probablemente tenga que ver con que estoy baja de defensas, porque no me cuido. Así que me hice unos análisis para ver si algo iba mal.

Hoy por fin he ido a recoger los resultados de los análisis. Manso 19, tercer piso, sala de espera. Y cuarenta minutos interminables, pensando qué tengo y qué no tengo. Aunque lo tengo todo, por supuesto. Después de revisarme el Medline plus, he decidido que tengo todas las enfermedades habidas y por haber. Hipotensión e hipertensión simultáneamente si hace falta. Es lo que pasa cuando nunca estás enferma, que cuando te pones mala te asustas y crees que tienes de todo. Y lo peor, la espera. Cuarenta minutos sentada, esperando, llegando tarde al trabajo. Para que te hagan pasar a la consulta y te digan que todavía no tienen los resultados; que vuelvas el viernes. Con muy buenos modos, eso sí.

En otras circunstancias me quejaría. Pero no ha estado tan mal. Cinco minutos después de llegar, una mujer andaluza se ha sentado a mi lado y se me ha puesto a hablar. Frente a la perspectiva de esperar amargada viendo a gente con cara de acelga eintentar distraerme con la señora de al lado, me he decantado por darle conversación. Y ha resultado ser un personaje intersante.

Tenía 75 años (aunque aparentaba 20 menos), iba bien vestida, maquillada y con el pelo perfecto. Lúcida y con un salero que ya me gustaría a mí. Me ha contado toda su vida y he extraído algunos elementos curiosos. En lo que lleva de mes ha visitado a seis médicos (cuatro especialistas) y ha tenido tres operaciones desde enero. Una de ellas para quitarle una berruga con muy mala pinta que le había salido... En quirófano, con anestesia local y todo un equipo de cirugía. Y no se le ocurre otra cosa que preguntar al cirujano que, ya que está, a ver si no le importa mucho levantarle las tetas. Que de aquí a seis meses se queda viuda y tiene que encontrar a uno rico. Me he partido la caja en medio de la sala de espera.

Así que la buena señora me ha seguido dando conversación... porque resulta que tiene una atrofia en la vejiga. Y le han ofrecido operarse, a lo que respondió al médico que no, que no merece la pena. Que hasta no quedarse viuda nadie le toca ahí por ahí abajo excepto ella cuando se ducha. Que cuando se ligue al ricachón ya hablaría con los médicos.

Me he pasado media hora riendo y, cuando por fin me ha llamado la doctora, he visto que la gente de la sala de espera seguía con su cara de acelga mustia. Y me recordó a otro momento, hace un par de años. Cuando me estaba riendo con un francés borracho en el metro (¡el que me invitó a bailar por el trasbordo de Urquinaona!) , mientras la gente seguía con su cara amargada de camino al curro o lo que tenían que hacer.

Así que le he dado las gracias a la señora por la charla y he entrado en la consulta. El viernes tengo que ir a por los análisis (sigo asustadilla), pero la doctora me ha dicho que la boca se me ha curado muy bien. Ahora tengo que seguir cuidándome y no volver a caer en los excesos para subir las defensas. Digo yo... Si ahora ya aguanto todas las horas de trabajo y encima me quedan fuerzas para hacer la compra, recoger, ir al banco y escribir esto... Debe de ser que muy mal no estoy, ¿no?

P.D. Tenía un post de Mucha preparado para hoy, pero esto ganaba. Je, je.


viernes, 2 de julio de 2010

La fabada sí, la fabada no...

Un apunte breve, que es viernes y a estas horas estoy para el arrastre y no llego a más.

Estamos en verano. En Barcelona hace un calor del copón. Mi casa es un ático que se traga todo el sol y parece que el concepto "corriente" no existe. Llego al portal cargada de bolsas del súper y sudando como una cerda. Y a la vecina del cuarto no se le ocurre otra cosa que decirme si iré al País Vasco en agosto a comer potaje.

¿Portaje?
¿¡Potaje!?

Ha matado todas mis neuronas. Las que quedamos vivas después de esta semana de recuperación trabajando. Ya estoy mucho mejor, por cierto. El martes última visita al médico, en la que me dará los resultados de los análisis. Estoy deseando estar buena del todo.

jueves, 1 de julio de 2010

The best of you

Probablemente haya quien disienta de esta afirmación, pero yo creo que lo mejor que tiene el ser humano es su mente. Y no me refiere a las cosas maravillosas de las que es capaz: de recordar, de procesar lenguaje, de reconocer caras, de observar, inferir y deducir... No soy neuróloga, ni psicóloga y no se nada del tema. Pero, como le decía a alguien en un comentario hará un par de días, me gusta entender lo que veo a mi manera. Aunque no sea lo más corriente, ni lo más acertado.

Para mí lo mejor que tiene la mente del ser humano es la manera en que la tiene configurada cada persona. Hay cabezas para todo y para hacer todo tipo de labores. Y el hecho de que ciertas cabezas funcionen bien en cierto tipo de labores es porque están preparadas para ello. Es así como funcionan y viven en el mundo.

Por ejemplo, hasta hace unos meses tenía una compañera de piso publicista. Su cabeza funcionaba mediante conceptos que se representaban en imágenes. No es que realizara esas labores para su trabajo, sino que de la mañana a la noche es así como funcionaba su mente. Yo, por otra parte, soy más verbal. Veo imágenes o tengo conceptos en mi cabeza y los traduzco pra expresarlos mediante palabras. Es un arte que intento ir depurando poco a poco. No para que suene mejor lo que digo, sino para que se acerque más al origen. Del mismo modo, hay gente con una mente lógica. Se expone a elemento a, b, c y deduce, infiere y los relaciona con lo que hay alrededor; "lo ve" a lo Holmes. Y después hay gente cuya cabeza es un almacén de datos. donde todo queda. Y esa bomba de relojería la tiene constantemente en la cabeza. Ellos y todo el mundo. Nadie puede apagar su cabeza.

Sin embargo, este no es el único rasgo de configuración de una cabeza. Por desgracia, como la mía es la única que medio-conozco... También es la única de la que puedo hablar en primera persona. Por eso quiero hablar de mi patrón en telaraña. Porque no es parte de una historia (que también), sino la manera en que estructuro la realidad y todo lo que veo de la mañana a la noche.

Yo tengo una cabeza que ve lo que no hay. Me expongo a elementos a, b, c y, puede que no infiera, pero los relaciono con a', b' y c'; elementos de su misma categoría con los que guardan ciertas semejanzas. Hasta el punto de que mi cabeza se convierte en una especie de telaraña en que hay un montón de líneas cruzadas entre muchas cosas que se parecen. Por eso me gustan los universales del lenguaje. Por eso me gustan los símbolos y arquetipos. No me cuesta verlo, mi cabeza está diseñada para ver esas interrelaciones que no se ven.

Que dices... Joder, vaya chasco. Si tuviera un superpoder me tocaría algo tan cutre e inútil como esto. Ja, ja, ja, ja. Pero me gusta la imagen y, aunque todavía tengo que depurar la teoría, me parece que es una manera de aproximación al mundo bastante acogedora. No es un lugar frío y cuadriculado donde aplicas unas reglas, sino un lugar con un montón de líneas cruzadas entre diversos elementos y tú puedes moverte de un sitio a otro siguiendo los hilos de la telaraña.

¿A santo de qué viene esto? Pues... de otro pequeño descubrimiento. Este interés mío por ver cómo funcionan la configuración de las cabezas ha creado a muchos de mis personajes. Cuando los describo es esta configuración la que los define y todos tienen estructuras mentales muy diferentes. Son como una gama de disposiciones cerebrales diversas... Pero llevadas al extremo.

Qué curioso... Estoy tan casada que no sé si nada de lo que digo tiene sentido. Pero me parece una semilla de verdad deben de tener. Ya revisaré mi teoría cuando tenga la cabeza más clara. Que hoy me he pasado casi todo el día unificando un proyecto y eso me ha secado un poco las nueronas. Me voy a leer un rato... Y si alguien medio entiende mis palabras, o puede extraer algún pensamiento interesante de ellas, yo me quedo contenta.

P.D. ¿Por qué estoy escuchando Boney M? Ra-Ra- Rasputín...

martes, 29 de junio de 2010

Enigma popular

Al pasar la barca
Me dijo el barquero
Las niñas bonitas no pagan dinero
Yo no soy bonita
Ni lo quiero ser
Arriba la barca una, dos y tres.


a) ¿Por qué las niñas bonitas no pagan dinero?
b) ¿Por qué la narradora no quiere ser bonita?

Damas y caballeros, hagan sus apuestas. A mí no se me ocurren demasiadas hipótesis. que digamos..

Y hoy lo dejo aquí. Ahora que he vuelto al trabajo, acabo cansada por las noches... Y como he prometido que esta vez voy a cuidarme, prefiero no forzar maquinaria. Y hoy ya he tenido suficiente con salir a la carrera a la oficina a eso de las nueve porque se me había olvidado el móvil... Cagüen Murphy, que cuando parece que vas a tener un ratito para descansar siempre la lía. Me voy a tirar en la cama a leer El Ocho (buena historia, personajes abominables). Maldito calor, esto es el infierno...

lunes, 28 de junio de 2010

¿Qué tuvieron los ochenta? Muchas cosas. ¿Y cuánto daño hicieron? Mucho también. Eso sí, nos legaron un sinfín de clásicos inmortales en todas las categorías. Entre ellos, el ya desaparecido guaperas ochentero. Vivió pocos años, pero perdurará para siempre.

El guaperas ochentero muestra unos rasgos claramente reconocibles que lo hacen irresistible. Ese pelo desgreñado, esas gafas de sol, esa camiseta blanca, esa chupa de cuero y esos vaqueros ajustados hasta la cintura. Obviamente, acepta variaciones pero éste es el esquema principal.

Tal vez uno de los primeros que salta a la mente es Nick Rivers, protagonista de esa gran película titulada Top Secret y que nos legó frases tan maravillosas como "El perro de San Roque no tiene rabo." "Sé de buena tinta que Ramón Ramírez se la ha cortado".


He aquí otro par de ejemplos extraídos de películas, en ambos casos de terror: Razas de noche y Jóvenes ocultos. Muy grandes ambas... La primera más seria que la segunda (y con una estética brutal en los monstruos); y la segunda simplemente desternillante.





No obstante, donde más presencia tuvo el guaperas ochentero fue en el mundo de la música. Aquí algunos vídeos de ejemplo para todo aquel que quiera degustarlos. Que ya sé que sois pocosy cobardes y que nadie se atreve con estas cosas. Si es que nadie valora la cutrez como se merecería... Con lo entrañable que es. Aysh.


A-ha - Take on Me. (¿Puede haber alguien a quien no le guste esta canción?)



Ken Laszlo - Hey, hey, guy (demasiado grande para ser real)



Bruce Springsteen - Dancing in the Dark (con maravilloso bailoteo incluido.)



Trans X - Living on Video (adoro a esa mujer que sale.)



Eddy Huntingtono - USSR (es imposible que este hombre le caiga mal a nadie, iiih.)



Hasta aquí mi pequeño homenaje a los guaperas ochenteros, se agradece cualquier tipo de sugerencia. Y sí, es difícil pensar en algo que contar todos los días. Luego salen este tipo de cosas.

domingo, 27 de junio de 2010

Dos recuerdos

La memoria es algo curioso. Guarda en un cajón de sastre recuerdos de años y años que, disimuladamente, parecen no estar. Hasta que un día, como si se tratara de Proust y su magdalena, vuelven a tu cabeza con semejante viveza de colores que parecen cuadros pintados en alguna parte de tu cabeza.

El otro día me levanté pensando en una noche de finales del año pasado. Debía de ser en invierno, porque yo volvía del trabajo y ya era plena noche. Medio llovía. En la manzana anterior a mi casa vi dos gotas de sangre en el suelo. Estaban ya oscuras y la lluvia se las empezaba a llevar. Después vi el reguero y una mancha muy grande al lado de un portal. Lo primero que pensé, y lo recuerdo claro, es que alguien habría arrastrado una vaca muerta en un saco. Viendo que no tenía mucho sentido, se me iluminó la bombilla y pensé que ahí habían acuchillado a alguien. Llegué a casa con mal cuerpo, me duché y luego me dijeron que en efecto habían apuñalado a alguien.

Era la primera vez que veía un manchote así de sangre y no supe si la víctima había sobrevivido o no. Pero me destempló... Porque esas cosas ocurren en la tele, nunca al lado de casa. Y yo ni siquiera veo las noticias para ahorrármelo.

Del mismo modo, tengo un recuerdo recurrente de cuando era niña. La pluma blanca y lila con la que solía escribir a los siete años. Tenía una raja en el tapón, y cuando se hizo demasiado grande tuve que tirarla porque la tinta se secaba. Por aquel entonces escribía mis historias en un archivador marrón, con hojas con líneas que ocupaban poco más de la mitad de un DIN-A4.

Y yo me pregunto qué hacen estos recuerdos asaltándome ahora, de verdad. Pero son imágenes tan claras que casi asustan.

viernes, 25 de junio de 2010

Giovanni Boldini

Giovanni Boldini es un señor que nació en 1842, murió en 1931 y se dedicó a pintar. Bueno, no sólo se dedicó a pintar sino que era bastante bueno en lo que hacía. Así, a grandes rasgos, su obra tenía un cierto toque impresionista y era un pintor urbanita que retrataba escenas costumbristas de las clases más altas de la sociedad. Aunque, principalmente se dedicaba a hacer retratos.

Hasta aquí el rollo macabeo, una descripción del montón que podría servir para la mitad de los pintores de la época (imagino). Nunca me ha parecido que estas introducciones sirvan para explicar a la gente lo que esconde la obra de un artista. A ver cómo lo hago.

Hay algo en los cuadros de Boldini que los hace diferentes. Mis pintores favoritos (Waterhouse, Alma Tadema, Millais, etc.) retratan una belleza calmada y estética, cuyo encanto radica en el hecho de ser sosegada y pausada. Boldini es todo lo contrario, los personajes de sus cuadros son perturbadores e inquietantes en sus miradas y actitud. No hay relax al mirarlos. Como si estuvieran a un paso de empezar a perder la cordura, pero nunca lo hacen: ese límite de la locura contenida es con el que juega. Esta sensación se consigue en gran parte mediante el sciabolate, las pinceladas rápidas y violentas con las que el autor terminaba la parte inferior de muchos de sus cuadros. Servían para dar vida y movimiento y a los cuadros, pero también un mal rollito del copón.

En cuanto a su temática, Boldini fue sobre todo retratista de mujeres y a mí me gusta pensar en este conjunto de cuadros como en una galería con diferentes tipos de feminidad; eso sí, siempre con unos elementos muy comunes. En una época donde las damas todavía vivían entre baras de hueso de ballena, las modelos de Boldini se muestran sensuales y desinhibidas, con una elegancia viva, no-enconsertada y felina. Es como si en cierto modo este señor hubiera puesto un anuncio en el periódico bajo el lema: "Encuentra la femme fatale que llevas dentro".

Consuelo Duquesa de Marlborough con su hijo Ivor Spencer Churchill


Retrato de Gladys Deacon


Retrato de Madame Pages con vestido de noche


El fajín negro


Retrato de Madame Juillard vestia de rojo


En contraposición con estos ejemplos, los retratos masculinos que realizó son mucho más clásicos. Su técnica como pintor queda en relieve, pero su personalidad desaparece del lienzo.


Retrato de un joven


Conde Robert de Montesquiou


Retrato de Guiseppe Verdi


Boldini también realizó algunos desnudos a lo largo de su obra. En estos casos, se aprecia claramente toda la sensualidad y los primeros atisbos de locura que quedaban velados en sus retratos.

Mujer desnuda en gris (Sinfonía en gris)


Mujer desnuda reclinada sobre cojines amarillos

Mujer desnuda reclinada III


Finalmente, me gustaría hablar del aspecto más decadente de Boldini. Esta locura que se aprecia en los desnudos no es la única, sino que estalló en toda una serie de cuadros que fueron los que me atrajeron a su obra. La locura se apodera del lienzo con pinceladas violentas, imágenes retorcidas y composiciones difusas. La realidad que se plasmaba en sus retratos da paso a algo que en su monstruosidad resulta inquietante, atrayente y bello. Ya no pertenece al universo de lo que vemos.

Mujer desnuda reclinada II

Retrato de Emiliana Concha De Ossa


De paseo


Mujer con gato


Bailarina española en el Moulin Rouge

Y para terminar (esta vez de verdad de la buena) el que posiblemente sea mi cuadro favorito de Boldini: el retrato de la Marquesa Luisa Casati. Todo un personaje de su época, vamos. Una joven heredera italiana, forradísima de pasta, excéntrica con ella sola, que se declaraba abiertamente bisexual y paseaba llevando a un guepardo con correa. Musa de las artes y la moda, su influencia sigue perdurando entre los diseñadores de alta costura. Y sí, tengo un corte de pelo parecido al suyo. Ju, ju.

Retrato de la Marquesa Luisa Casati con un galgo

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