miércoles, 9 de diciembre de 2009

Magia homeopática y magia contaminante

Ahora que tengo un poquito de tiempo libre me gusta invertirlo leyendo. Y como en casa tengo un arma contundente +15 al aplastamiento de 750 páginas sobre antropología y otra de 600 sobre iconografía grecorromana... Pues me he puesto manos a la obra. Y cuál ha sido mi sorpresa hoy en el metro, con el ladrillo antropológico, cuando me encuentro con un par de detalles que siguen vigentes en nuestra cultura urbanita.

Empiezo por el principio; que si no, no me entiendo.
Resulta que en las sociedades antiguas se estilaba una cosa que se llamaba "magia" y servía para hacer cosas "imposibles" apoyándose en la percepción que nuestros antepasados tenían de las leyes naturales y de cómo funcionaba el mundo. La magia básicamente consistía en hacer que pasaran "ciertas cosas" actuando sobre "ciertas otras cosas". Tenía estas dos leyes principales:

Una: Lo similar atrae a lo similar. MAGIA HOMEOPÁTICA.
Dos: Si A y B han estado en contacto, continúan en contacto a pesar de separarse. MAGIA CONTAMINANTE.

Ahora vamos a aplicarlo sobre un mito tan conocido como el del Ratoncito Pérez y los dientes de leche que les coge a los niños:

-Si a un niño se le cae un diente, seguirá estando en contacto con el diente.
-Si un ratón apellidado Pérez (me lo dijo Pérez, que estuvo en Mallorca) coge ese diente, también lo contaminará con su esencia roedora.
-Cualquier rasgo que el ratón haya introducido en el diente pasará también al niño.

Y es cuando digo.
En muchas tradiciones se considera que las ratas y los ratones son los animales con los dientes más fuertes.

¿Una tontería? Puede ser, pero no está mal saber de dónde vienen o podrían venir las cosas. Si es que todo está relacionado en este mundo. A decir verdad, ni siquiera he mirado en la Wikipedia el origen del mito del Ratoncito Pérez, no vaya a ser que me eche la hipótesis por tierra con lo guay que me ha quedado la entrada.

Pero bueno, otro ejemplo de que estas ideas continúan en el imaginario popular lo tenemos en una película de terror ochentera titulada: Warlock, el brujo. Que a mí me encanta. Aparece un señor rubiales de pelo largo. No es que me mole, para nada, pero la película toca un par de temas interesantes sobre cierto terror humano a envejecer.

En fins... Si no me equivoco hay una escena donde el malo maloso está escapando y la chica de la peli coge un martillo y clavos que procede a clavar en las huellas del brujo. Al clavar un clavo en la huella, ese mismo dolor le es transmitido al Warlock.

Exacto, la magia contaminante haría que siguiera habiendo un vínculo entre las huellas y el cuerpo físico y mediante el éter (o cualquier otra idea que explique este tipo de transmisión) le sería transmitido el dolor.

De qué cosas se entera una, oye.

4 comentarios:

Black Hole dijo...

Tontería anecdótica que tuve en su día sobre Warlock: Hay una escena en la que el brujo mata a un niño para usar su grasa corporal para volar (creo que era así)... pues un joven yanki utilizó a su hermano para hacer exactamente lo mismo... :S

Addictive Epicurean dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Addictive Epicurean dijo...

Yo no entiendo a la gente, de verdad. Se supone que el atractivo de la fantasía/ficción es precisamente poder alejarte de la realidad. Yo no sé por qué se empeñan en mezclarlas como no toca. v_v

alexis canaca dijo...

no me dice mucho pero graxias

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